A fin de los noventa, una señora vidente que aseguraba adivinar el futuro predijo que un político llamado González daría con sus huesos en la cárcel. Se ha despejado el acertijo. La adivinadora de la bola fue franca: solo que no ha sido un González, sino otro, el del PP. Cuando parecía que el talón de Aquiles de Rajoy se había blindado, se abren de nuevo grietas en forma de hilillos en el prestigio de un Partido que no termina de demostrar que no es el de la corrupción. Hay que barajar de nuevo y repartir las cartas en la España de la Postransición. ¿Cuántos políticos de la Transición fueron imputados o condenados por corrupción? Estamos yendo a peor. O nos reformamos o nos reforma el populismo.
Veo subir la pleamar del nihilismo, dijo el bigotudo Nietzsche subido a una roca. Como una transición, viven los francos las elecciones a la presidencia de la República ante la marea populista. Fillon, Hamon, Macron, Melenchon y Le Pon, todos riman con Transición. Cada uno con su propia fórmula para que Francia supere el letargo, del off a on. Melenchon tiene ascendencia española (Murcia y Valencia). En los setenta, el Elche alineaba un delantero llamado Melenchón. Quizá ese factor puede darle una oportunidad y ganar por la mano. Como el Villarreal de Bakambú. Cuando la tecnología arbitre el fútbol se equipararán poderosos y débiles. No ocurrirá eso en la ESO, que lleva camino de seguir favoreciendo a quien no se esfuerza equiparándole al esforzado. Es como si el colista accediera también a la CopaUropa. Así se dinamita un sistema educativo y se quiebra el futuro de un país. Corrupción en la educación. En esto, PP y PSOE juegan en el mismo equipo. De perdedores. De los que igualan por abajo. La derecha sigue postrada ante la cultura actual.
Es hora ya de una ambición nacional. También de una nueva eclosión occidental. Hay que volver a los manantiales de Europa: grecolatino y judeocristiano. De lo contrario vamos directos a convertirnos en un asilo de indigentes y ello nos disuelve como civilización. Le Pen clama por devolver a Francia el estatus de potencia. Dice querer conquistar el mundo. La obra que España realizó en América o en Filipinas representa el trasplante a todo un mundo sobre recia raíz católica de lo que hoy se llama espíritu de Occidente. Compárese con el caso de Haití, colonizado por Francia. Bastante tienen los francos con hacer que el Rhin, en vez de una frontera entre Alemania y Francia, siga siendo una calle donde los europeos se encuentren. Un club gastronómico de Francia publicó una lista de centenarios que llegaron a la edad extrema sin haber dejado un solo día de beber. Poco después ocurrió la celebración de los cien años de una mujer francesa, la cual, al ofrecerle el alcalde del pueblo, al son de la Marsellesa, una copa de champagne, replicó indignada: Yo nunca he transigido con esas porquerías. Francos. Sinceros.