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Las “falsas promesas” de Cristina Fernández

viernes 19 de diciembre de 2008, 22:14h
En un recordado trabajo publicado en el año 1984, El futuro de la democracia, el autor italiano Norberto Bobbio nos ilustraba sobre las promesas incumplidas de la democracia a la luz de la brecha existente entre los ideales democráticos formulados por los autores clásicos y las democracias realmente existentes, entendiendo que dichas promesas se hacían finalmente de difícil, sino casi imposible, materialización debido a los cambios producidos en las sociedades de masas –burocratización, tecnocracia, rendimiento limitado, etc.- que operaban como restricción.

Durante las últimas elecciones presidenciales en Argentina, la entonces candidata a presidente (o presidenta) Cristina Fernández de Kirchner basó su propuesta de campaña en la idea de la continuidad dentro del cambio, que se manifestaría a partir de tres “promesas” centrales: la primera de ellas, la reinserción de la Argentina en el contexto internacional, la segunda, la inauguración de un nuevo tiempo político que diera lugar al diálogo político y a la mejoría de la calidad institucional de la democracia argentina dejando atrás el ciclo de emergencia permanente inaugurado en la última década, y la tercera, la inauguración de una presidencia que establecería un cambio en relación a la de su antecesor – esposo y socio político- Néstor Kirchner. Un año después podemos hacer el siguiente balance:

Con relación a la primera promesa, persisten situaciones de conflicto heredadas de la anterior administración –con la cruel paradoja además de que la presidenta Kirchner no puede hacer alusión alguna a la herencia recibida-; ejemplo de ello son la conflictiva relación con Uruguay por el problema de las empresas papeleras, la ausencia de una relación clara y transparente con el ESTADO de Venezuela –relación en la cual se entremezclan negocios privados no debidamente aclarados y confusos episodios públicos como el de la valija de Antonini Wilson-, o la carencia de una estrategia para la definitiva normalización de las relaciones de la Argentina con el sistema financiero internacional solo para mencionar algunas situaciones representativas; cabe destacar, respecto de esta última, que la crisis financiera internacional poco contribuye para formular estrategia alguna de normalización.

En relación a la segunda, el prolongado conflicto con las entidades del sector agropecuario marcó buena parte del primer año de gobierno de CFK. Un rasgo característico de todo este proceso ha sido la ausencia desde el gobierno –también desde los sectores agropecuarios- de propuestas de negociación que otorgaran racionalidad al conflicto, predominando la descalificación de la protesta y la puesta en marcha de una calibrada estrategia de confrontación muy característica del gobierno de Néstor Kirchner, llevada a cabo antes contra actores que se percibía en condiciones de poder ser derrotados como Carlos Menem, los jueces de la desprestigiada corte menemista, los militares genocidas del proceso, y entre los meses de marzo y julio último contra la “oligarquía agropecuaria”.

Gruesos errores de evaluación llevaron al conocido desenlace de la derrota del proyecto de retenciones móviles con el voto “no positivo” del vicepresidente Julio Cobos. Precisamente el sello de la confrontación sigue presente a partir de la conflictiva relación que se ha establecido con el vicepresidente Cobos, entrando la misma en una situación de no retorno con incierto desenlace desde el punto de vista institucional. Por otra parte, si bien ha sido escasa la recurrencia a los decretos de necesidad y urgencia como herramienta para la decisión política, la permanencia en el tiempo de iniciativas como la ley de emergencia económica no nos permiten al menos en el corto plazo afirmar que se ha inaugurado una nueva etapa en lo referente a la calidad de las instituciones democráticas.

En relación a la tercera, la permanencia en el gabinete de actores centrales del gobierno de Néstor Kirchner, el fortalecimiento del entorno utrakirchnerista y una excesiva exposición mediática y política del ex presidente han condicionado hasta la fecha la posibilidad de una gestión presidencial por parte de Cristina Kirchner que, aún dentro de un esquema de continuidad, pudiera desplegar un estilo propio en relación a la de su cónyuge, motivo por el cual resulta difícil definir si se trata del primer año de Cristina Fernández o del quinto año de Néstor Kirchner.

Volviendo al planteo inicial y parafraseando a Norberto Bobbio, nos preguntamos si se trataba en definitiva de promesas destinadas a no ser cumplidas o, como aquellas que el recordado intelectual señalaba en relación con la democracia, de difícil o imposible realización. El tiempo dará una adecuada respuesta a este interrogante.
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