Norberto Alcover
NORBERTO ALCOVER es profesor de Teoría de la Comunicación y Análisis Periodístico y Cinematográfico en la Universidad Pontificia de Comillas.
TRIBUNA
Los católicos ante una nueva época
Ser católico es estar en el mundo sin participar del egoísmo del mundo. Entendiendo mundo en el sentido que le otorga el apóstol Juan: el mundo como estructura de pecado que se opone a la presencia de Jesucristo, manifestación del amor de Dios en cuanto paradigma fundamental de la existencia humana. Me permito explicar esta cuestión porque solemos tener un lío llamativo en lo referente a esta palabra de tanta importancia en el Nuevo Testamento. Otra cosa es que hablemos del mundo como sociedad de hombres y de mujeres o, también, como realidad cósmica. El católico no puede pactar con el mundo como egoísmo y tiene la obligación en su vida pública de practicar y fomentar en todas las estructuras posibles el amor, la fraternidad, la solidaridad, en fin, la humanidad, como referentes no sólo eclesiales antes bien políticos, económicos, ideológicos y todo en esta misma línea. Esta cuestión no es negociable.
España, desde el 20 de noviembre y tras la reciente toma de posesión de los nuevos gobernantes, comienza una nueva época. No hay que ser un genio para percibir que esto es así. Rodríguez Zapatero y Rajoy son dos personajes públicos completamente distintos y por ello mismo orientarán el camino español de forma diferente. Son las dinámicas de la democracia. Pero otra cosa es que los católicos debamos permanecer fieles a nuestras convicciones sustanciales, las mismas bajo un signo u otro político. El evangelio y la misma Iglesia no dependen de las eventualidades históricas, si bien deben examinarlas a fondo porque tienen una palabra que decir en cuanto ciudadanos.
Los católicos, en fin, siempre deben de oponerse al egoísmo mundano y siempre deben de introducir el dato del amor fraterno. Repetimos que se trata de algo innegociable bajo un signo u otro.




