Antonio Hualde
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación José Ortega y Gasset.
EPPUR SI MUOVE
El cementerio de los elefantes
Durante las llamadas Guerras Indias de Estados Unidos, libradas durante el último tercio del siglo XIX, muchos fueron los jóvenes que se alistaron buscando emociones fuertes. Entre ellos, un adolescente de Chicago cuya meta era formar parte del legendario Séptimo de Caballería. Y aunque llegó a participar en alguna escaramuza contra los apaches de Jerónimo, pronto sería licenciado al descubrirse su minoría de edad. Fue así como Edgar Rice Burroughs, privado de hacer carrera en el ámbito militar, se pasaría al literario, donde llevaría a cabo una de las creaciones más brillantes de la ciencia ficción: el personaje de Tarzán.
No obstante, Rice Burroughs se inspiraría en un escritor británico iniciador del género literario sobre mundos perdidos, Henry Rider Haggard, a partir de su célebre “Las Minas del Rey Salomón”. Basándose en dicha obra, se publica en 1912 “Tarzán de los Monos”, primera entrega de la saga. En uno de los episodios, la acción sitúa a Tarzán en el cementerio de los elefantes, lugar mítico donde se decía que los elefantes moribundos acudían al sentir próximo su final. Leyenda o no, lo cierto es que un gran número de aventureros se embarcó en la búsqueda de un lugar atractivo no sólo por el misterio que representaba, sino por el marfil que allí se pudiera encontrar. Tarzán, en cierto modo, dio publicidad a algo detrás de lo que exploradores británicos, alemanes y norteamericanos llevaban ya mucho tiempo.
Pero a veces, detrás de un mito suele haber una cierta parte de verdad, y el cementerio de los elefantes no es una excepción. La clave estaría en las estribaciones del Monte Elgón, un viejo volcán extinguido situado en la frontera entre Uganda y Kenia cuyo interior alberga una gran cantidad de cuevas. En una de ellas, de nombre Kitum, se han encontrado innumerables restos de elefantes, cuya datación se pierde en la noche de los tiempos. La cueva en cuestión es enorme, y en sus paredes pueden verse aún las señales de los colmillos de los elefantes que, durante siglos, han horadado sus paredes en busca de sal. Porque sal es precisamente lo que acuden los elefantes a buscar, ya que no hay otro lugar donde encontrarla, y se trata de un elemento básico para su subsistencia. Entre los que se desorientaban, los que acudían ya debilitados y los que se veían sorprendidos por desprendimientos a causa de lo inestable de la estructura, muchos fueron los elefantes que encontraron en Kitum su particular cementerio. Aunque en torno a la cueva pende otro rumor mucho más siniestro y, al mismo tiempo, con fundamentos científicos. Y es que puede que Kitum sea el lugar donde apareció por primera vez el letal virus del Ebola, de ahí que muchos lugareños no quieran ni siquiera acercarse por allí.




