Concha D’Olhaberriague
Catedrática de Griego en el Instituto Gran Capitán de Madrid y doctora en Lengua Española y Lingüística General.
in itinere
Espacio de arte
Me invita Ra del Rey a la reapertura de su galería en la calle de la Reina, la de los restaurantes japoneses, entre la Gran Vía, ahora de cumpleaños, y el famoso barrio de Chueca.
Me resulta muy atractivo este local de aire familiar y acogedor. En él me reencontré con amigos y colegas y descubrí a uno de los pintores más inquietantes, Luis Ortés, un dibujante excelente que posee un mundo propio y contra la corriente por el que deambulan hombres y mujeres equívocos, en soledad con su cuerpo y, si acaso, con algún animal de compañía. Admiré, también, el impulso vital y la buena factura de los personajes orondos de Jesusa Quirós, pintora de la afabilidad.
En Navidad, es costumbre la exposición de cuadros 20 x 20 y esculturas de talla discreta, una forma eficaz e inteligente de poner el arte al alcance y disfrute de tantos moradores de exiguos apartamentos urbanos.
Un grupo de artistas, que son a la vez empresarios, ha retocado la sala. Parece mayor y más luminosa. Quieren poner en sus paredes la obra de pintores invisibles -dicen-, hacerse eco de lo que sucede en los casi imperceptibles simposios, celebrar tertulias, acoger presentaciones de libros, participar en las fiestas del barrio, montar talleres y otras actividades que sin duda brotarán de sus ánimos entusiastas y reflexivos.
Encarna Pisonero, poeta y patrona del Museo Torre-Pujales en la Costa da Morte, nos pregona otra novedad de lo más sugerente. Se establece la posibilidad de aportar una modesta cuota mensual como pago anticipado de futuras compras. “No nos vamos a quedar con el dinero de nadie”, aclara. Será algo similar a la cuenta de la librería, me imagino.
Toma la palabra Carlota Cuesta, escultora y residente en la Puerta del Sol —dichosa ella-, frente al reloj de las campanadas de fin de año. Nos presenta este “ensayo general sin vestuario”.
Reformada y remozada, la anterior Galería de Arte Contemporáneo pasa a denominarse Espacio de Arte, sitio de encuentro y cruce de vivencias además de comercio.
Y al son del violín nos tomamos una copa con jamón ibérico.
De Coruña ha llegado mi buena amiga Anxeles Penas, poeta y escultora delicada, captora del alba de las formas. Su Guardiana del templo, ensamblaje de ingletes de desecho con dos espíritus tallados en madera de castaño, preside nuestra conversación.
Como si no estuviéramos en crisis, así ha de ser, nos dicen Antonio Garrigues Walker y Miquel Roca en un manifiesto oportuno y loable recién redactado de cuya existencia me entero justo al volver de la fiesta.
Los convocados por Ra del Rey en Reina -fíjense en la optimista aliteración de vibrantes- no perdieron la confianza. Por eso no la pueden recuperar aunque sí contagiar a otros.




