Antonio Hualde
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación José Ortega y Gasset.
Eppur si muove
Por qué soy cristiano
Obama ha autorizado que se investigue con células madre. El sida hace estragos por medio mundo, aunque más en el “tercero” que en el “primero”. En España, el gobierno socialista pretende que una menor tenga que pedir permiso a sus padres para hacerse un piercing, pero en cambio pueda abortar libremente. Y cada vez que la Iglesia osa pronunciarse sobre alguno de estos temas, le llueven más palos que a una estera. La libertad de expresión, muchas veces, se entiende sólo en un sentido. Decir determinadas cosas no siempre gusta. Es más, molesta. Y sobre todo, da la impresión de que la Iglesia sólo habla de ciertos temas, cuando la verdad es bien otra.
Partamos de la base de que la Iglesia está formada por hombres, y como tal, se pueden equivocar. A nivel personal, confieso que hay declaraciones que me cuesta entender, y menos aún asumir. Pero a pesar de todo, me considero afortunado de poder formar parte de ella. Y de ser católico. Se que hoy en día, una declaración semejante hecha en ciertos foros puede hacer que sea tachado de carca o retrógrada. Allá cada cual. Humildemente, pienso que se puede ser cristiano y estar en el mundo a la vez. Otra cosa es que lo que digan algunos representantes de la Iglesia nos meta a todos en el mismo saco. No conviene generalizar.
La investigación con células madre abre una puerta a la esperanza. Puede ser el principio del fin de muchas enfermedades, y eso nadie lo cuestiona. Sí ofrecen más dudas algunas aplicaciones de la tecnología utilizada, tales como la manipulación genética a la carta, y no hay nada malo en alertar sobre ello. Personalmente estoy a favor de toda innovación que redunde en beneficio del hombre. Y no creo que la Iglesia en su fuero interno se oponga a ello, por más que las voces que se oigan suenen de otro modo. Por otro lado, si se les pregunta a los misioneros que lidian a diario con enfermos de sida en Africa, probablemente alguno se sorprendería con sus respuestas “progresistas”. Y ellos también son Iglesia. Pero es un hecho que si bien el preservativo puede resultar un medio eficaz para luchar contra las enfermedades de transmisión sexual, tampoco es la panacea universal. Si alguien ve punible el llamamiento de Benedicto XVI de “llevar un comportamiento humano moral y correcto, y estar al lado de los que sufren”, que venga Dios y lo vea.
En estos tiempos de crisis los comedores de Cáritas están abarrotados. Las parroquias, desbordadas. Hay centros asistenciales a drogodependientes, madres sin recursos o inmigrantes. Pero claro, la labor social de la Iglesia no vende. Sí lo hace, en cambio, recurrir al tópico de definirla como una institución caduca y anacrónica. Pues no. La solidaridad, la caridad y el amor al prójimo son valores cristianos, de los que la Iglesia es depositaria, y perfectamente actuales. La herencia cultural europea hunde sus raíces en la más honda tradición cristiana. Y el ejemplo de personas como Juan Pablo II o la Madre Teresa de Calcuta hace que merezca la pena intentar vivir como cristianos. Aunque no esté de moda.




