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Se pierde la señal

sábado 11 de mayo de 2013, 19:55h
Se pierde la señal –Es perd el señal– es el nuevo libro de poemas del poeta catalán Joan Margarit. En realidad, no es tan nuevo. Como viene haciendo libros atrás, Margarit publica primero sus poemarios en lengua catalana en la editorial Proa y, unos meses después, aparecen en edición bilingüe catalán-castellano en la Colección Visor de Poesía. Es perd el señal se publicó, así, el pasado mes de noviembre.

Creo que Joan Margarit es hoy uno de los principales poetas españoles. Es, sin duda, el poeta vivo más leído de la literatura en catalán y sus traducciones lo convierten en uno de los más leídos, aunque menos, de la literatura en lengua española. Hablo de traducciones, pero, en realidad, Margarit no traduce el poema del catalán al castellano, sino que puede afirmarse que escribe dos poemas; dos poemas distintos, pero que son, al cabo, el mismo poema. No se trata de dar vueltas aquí una vez más al famoso “traduttore, traditore”, ni a esa máxima un tanto provocativa de Robert Frost cuando afirmaba que “la poesía es lo que se pierde en la traducción” (aunque es evidente que hay buena parte de verdad en ello), sino que de lo que hablamos es de la sutileza y la complejidad de un personal proceso de creación poética. Uno de los anteriores libros del autor –Estació de França– se abría con un breve texto que, bajo el título de “Sobre las lenguas de este libro”, explica esto muy claramente. Decía allí el poeta: “Éste es un libro de poesía bilingüe. No se trata de poemas en catalán traducidos al castellano, sino que están escritos casi a la vez en ambas lenguas. (…) No me resulta sencillo decir en qué lengua me llega un poema. Diría que la primera noticia que tengo respecto a la existencia de un poema no es ni tan sólo verbal. Y aquí comienza el misterio de la palabra poética. (…) Como en los cuentos, se trata de entrar en una cripta y es preciso conocer la contraseña para abrirla. (…) Accedo en catalán a ese lugar y enseguida planteo en esta lengua el esqueleto del poema. Lo trabajo mucho y, en general, se parece poco la versión final a la inicial. En este libro todas las versiones, modificaciones y vueltas a empezar que sufre en mis manos un poema las he realizado en catalán y en castellano a la vez. No me preocupan las diferencias entre los dos poemas resultantes: tienen un origen común y buscan ser dos buenos poemas. A pesar de todo no pienso (…) que haya demasiada distancia entre ellos”.

El tema de la lengua como vehículo transmisor de ese misterio de lo poético del que habla Margarit es un asunto principal en su poesía, pero resuelto este –o, al menos, habiendo dado el poeta con una clave que le permita acceder a ese misterio–, lo verdaderamente interesante de la obra de Joan Margarit es el sentido que concede a la creación poética y que en Se pierde la señal adquiere un significado profundo. Es este el libro de alguien que ha llegado a la vejez como a un lugar desde el que poder observar la trayectoria de una vida, pero no a la manera de quien recorre una línea recta dirigida hacia alguna meta, sino al modo de quien rueda por una circunferencia, en la que principio y final se confunden y en la que el hombre de setenta y cinco años que es hoy Joan Margarit mira a los ojos al niño que fue. Dice Margarit en el Epílogo de este libro que “la poesía es una herramienta para gestionar el dolor y la felicidad”; la poesía es también una forma de ordenar y dar sentido a nuestro pasado, de airear la casa y, aunque pueda resultar paradójico, de construir una verdad por medio de la ficción que es siempre el poema. Una ficción verdadera, como la propia vida.

Todo esto y más espera en este libro.
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