Alicia Huerta

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ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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Entre Adoquines

Sólo llamo para decirte que te quiero

14-09-2011

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Este era el romántico título del tema con el que triunfaba Stevie Wonder en 1974 y que desde entonces continúan plagiando los menos creativos cuando llaman “para nada” a su chica o a su chico. En fin, para nada, no, porque en realidad a todos nos gusta recibir de vez en cuando una llamada de nuestro chico o chica sólo para decirnos algo tan importante como lo mucho que nos ama. Pero, ¿se imaginan recibir 178 llamadas telefónicas de la misma persona cada día durante un año entero? Lo sé. Imposible es la primera y casi única palabra que le viene a uno a la mente a la hora de responder a una cuestión tan extravagante y cercana a la ficción. Terrible es el siguiente adjetivo a aplicar cuando a continuación nos enteramos de que quien llama no es nuestro chico o chica, si no esa otra persona a la que ya hemos dicho que NO más de una vez.

Angustioso, por otra parte, dedicarse a cuadrar las citadas cifras porque la media resultante equivaldría a 7,4 llamadas a la hora, es decir, una cada 8,1 minutos. De modo que sólo de pensarlo a cualquiera le entra el pánico, un pavor de cine que no lo supera ni el terror que se asomaba a los ojos del personaje interpretado por Michael Douglas en Atracción fatal. En todo caso, habría que preguntarle al protagonista real de esta historia, también real, que nos llegaba esta semana desde Holanda. La policía detenía el pasado lunes en La Haya a una mujer a la que la fiscalía acusa de haber realizado 65.000 llamadas durante un año a un hombre al que las informaciones califican de ex novio de la acusada, a pesar de que él niega rotundamente haber mantenido relaciones con la flagrante acosadora. La mujer más intensa del mundo o Persistente enamorada la llaman, en cambio, algunos medios de comunicación haciéndose eco de la noticia, un poco en clave de humor, demostrando que aún nos movemos demasiado lejos de encontrar el equilibrio a la hora de juzgar, según qué hechos, con independencia del sexo de la víctima.

Lo de persistente, sin duda, ya chirría con estruendo porque no parece en absoluto oportuno hablar de un comportamiento así midiéndolo a partir de las sanas bases de la tenacidad o la perseverancia. Mucho más acertado acudir al patológico concepto de la obsesión para, a continuación, establecer dentro de ella una escala, que en el caso de la holandesa rebasaría con seguridad las cotas más elevadas. Y, sin embargo, es en el momento de leer la palabra enamorada en el titular que encabeza la noticia cuando a uno más se le abren los ojos y la boca de pura estupefacción. ¿Dónde demonios está aquí el amor? ¿No es el amor precisamente todo lo contrario?

Por otra parte, a estas alturas parece improbable que a un hombre detenido por la policía después de dedicarse a llamar de forma continuada, sin ni siquiera tener que alcanzar cifras de record como las de la holandesa de 42 años, a alguien se le ocurriera calificarle de tenaz enamorado. Sería lo que es: un acosador de libro del que hay que proteger a la víctima desde el minuto siguiente a la última llamada indeseada. Porque no es no. Y es especialmente en el amor donde contra ese no, no cabe hacer nada. Como mucho, esperar, como hacían antaño esos románticos flacuchos de tez pálida que suspiraban en la distancia, buscando la oportunidad de contemplar al objeto de su adoración sin que este se violentara.

El racional mandamiento oriental que predica con sabiduría que el éxito está en la perseverancia puede valer para todas las facetas de la vida, pero nunca para el amor. Insistiendo, lo más positivo que uno puede conseguir es que le consideren tan sólo un pesado. Pero el problema surge cuando el no entra en un cerebro que lo distorsiona y lo percibe como un sí. Como un podría, como un quizás. Y eso vale para todos, hombres y mujeres, que lo sufren igual y que deben ser protegidos por igual. No sólo a un obvio nivel judicial, también a la hora de tratar la información y, por supuesto, de leerla.







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