Sin espías ni dossieres
domingo 01 de febrero de 2009, 20:21h
Ni apoyos. El que firma y suscribe: a pecho descubierto, en los medios.
Sólo el trabajo abnegado e ingente y la experiencia profesional para conocimiento del medio político y los personajes –tras siete años como responsable de información regional en la COPE, durante el periodo 76/83-, como espada y muleta ante un marrajo con dos poderosas dagas : el poder y sus derivadas prácticas gansteriles.
Tan solo la complicidad en la búsqueda de la verdad y la solidaridad mutua, de otro medio, y otro compañero, curiosamente “etiquetados” (todos) en la derecha: ABC y Vicente Zabala.
Corría el año 2004, agonizaba el 15º San Isidro de los Hermanos Lozano y, de la misma guisa, barruntaba su gestión en Las Ventas. La feria olía a fin de ciclo. En los burladeros de la Comunidad oficiaban los hombres y mujeres de Esperanza Aguirre, una vez legitimada ésta por las urnas, en el otoño anterior, tras el “tamayazo” (golpe regional civil) de finales de San Isidro 2003.
Nunca, dicen, se pudo probar si el habitual ruido de sables para derrocar gobiernos legítimos fue ruido de cheques, pero siempre se tuvo la sospecha de que entre las prebendas de los supuestos muñidores estaría la plaza de toros madrileña y su futura explotación.
En los “saraos” de entregas de premios, tras la isidrada del 2004, “majos y majas”, figurones de cuello duro, alpaca y charol, con el disfraz de aficionados especulaban- entre dientes- con el “tamayazo”, hacían publicidad de un establecimiento, La Finca, y se cruzaban apuestas, tan solo con indicios a manera de pistas, sobre el nuevo magnate de Las Ventas para los ejercicios posteriores.
A la sazón, ese verano –sin saberse de forma fehaciente el futuro de Las Ventas, pues “los Lozano” sólo hacían mohines a la posible continuidad mediante prórroga, pero no se definían- fue muy movido para un tosco empresario de la construcción madrileña que ávido de protagonismo y notoriedad social no tenía la discreción como virtud.
De la mano de un corredor de ganado extremeño que le había vehiculado –ese mismo año- la adquisición de animales de bravo de Villamarta, propiedad de los “Guardiola”, convino con un empresario taurino sevillano, bohemio y antisistema, un acuerdo para presentarse a la presunta licitación.
Acuerdo no consumado porque, una vez convocado el concurso (10-11-2004), y a punto de expirar su plazo de presentación de licitaciones, fructificaron las negociaciones que “el padrino” de la Comunidad –bajo el patronato taurino de Ignacio González- y el “mamporrero” (más tarde traidor) del empresario taurino José A. Martínez Uranga, Ramón Calderón, habían emprendido en aras de una unión de conveniencia a tres bandas: Comunidad, toros, y ladrillos.
De tal manera, Taurodelta, licitaba con una oferta expresa en el que se recogía su condición de muy mayoritaria, mas las adhesiones accionariales de Fidel San Román, y el escaso, pero importante posteriormente, -por bisagra- porcentaje del 5% de Calderón.
Antes, el 1 de septiembre, de 2004 se formalizaba la renuncia de “los Lozano” a solicitar la prórroga de continuidad en Las Ventas. Por lo tanto se iniciaba una nueva etapa.
Más de dos meses después y tras dos amagos, a mediados de octubre, del órgano parasitario que llaman Centro de Asuntos Taurinos, para convocar pleno y definir modelo de gestión y cubrir la vacante del vicepresidente –la presidencia la ostentaba el entonces Consejero de Presidencia, Ignacio González- vio la luz el nuevo pliego
Extrañaba la tardanza en salir el pliego y se temía por qué.
El PP se debatía en luchas intestinas de cara a su XIII Congreso con un Manuel Cobo enredando demasiado y con los “fontaneros” habituales (que ya habían protagonizado una algarada interna en la UCD de la transición de Diputación a Comunidad -últimos de los 70, primeros de los 80, ¡ya ha llovido! Y siguen los mismos perros, los mismos collares, y las mismas actitudes- de la que salió tocado el expresidente de la Institución y por lo tanto líder del grupo Enrique Castellanos) “ganándose el pan”.
Uno de ellos, el ahora empresario del sector de la seguridad Enrique Sánchez. El otro, tras el Congreso, fue nombrado Vicepresidente, con categoría de ejecutivo, del parásito Centro de Asuntos Taurinos que controlaría la ejecución del concurso de la plaza, su adjudicación y posterior subdesarrollo.
Todo bajo la supervisión del Presidente del Centro, que no le tembló el pudor para, con el proceso en curso y siendo el órgano de contratación la Consejería de Presidencia, llevárselo, por el morro, consigo a la Vicepresidencia, a la que había ascendido tras el Congreso –sin decreto de por medio- y dejando en evidencia al consejero del ramo, Francisco Granados, que para muchos, y el confesó, dicen, le apetecía-, y que por su trayectoria taurina en Valdemoro y dentro del Consejo Taurino de la Comunidad era la “esperanza” blanca ante tanto oscuridad.
Comenzaba así, el “Plan Aguirretxe” de “toros por cemento”.
A finales de 2004 se otorgó la plaza a Taurodelta, con el beneplácito de crítica y afición, de forma casi unánime, pues –aunque conscientes del “pucherazo”- se había elegido un empresario taurino con solvencia y prestigio ante la aventura de otras licitaciones, quizá más valorables en la baremación, pero que no inspiraban el cien por cien de confianza.
Sobre el 14 de enero, un enjuague político-administrativo daba luz verde institucional al acuerdo societario por el que Taurodelta se convertía en Taurovent, el empresario taurino era el “botones” y el “ladrillero” pasaba a cumplir uno de sus sueños: ser empresario, a todos los efectos, de la más importante plaza de toros del mundo.
Proseguía así, el “Plan Aguirretxe” de “toros por cemento” y empezaba un tortuoso, cruel y vomitivo periplo de amenazas y otras prácticas de lo más barriobajeras durante más de 18 meses, que culminó en diciembre de 2006 con el “albericidio” (leer documento complementario).
La cabeza de quien suscribe fue entregada, terminada la tortura del “goteo”, como consecuencia de la denuncia irrenunciable y continuada de las irregularidades manifiestas y atropellos que la Comunidad, por error u omisión, perpetraba.
El “pelotón ejecutor”, González, Martín, encontró caldo abonado en un “paje” de éste en “las alcantarillas de Moncloa” que, reciclado, sestea como jefe de programación a las faldas de un Presidente (Coronel de Palma) dudoso, por su pasado en el caso Eurobank, y que entre todos no tuvieron entrañas “cristianas” para tirar por la borda una labor de treinta años al servicio de “la causa”, sin una sóla demanda judicial, destrozar una familia –tan católicos, ellos- y dejando El Albero, con un registro de 300.000 oyentes en manos de un “amiguete” forense; quizás para certificar su defunción, como así ocurrió.
Hasta hoy, en que el Director Gerente del Centro Taurino está imputado en proceso abierto sobre la última concesión, obra de los mismos personajes. Y el PSOE, sin enterarse de lo importante que son los toros, a través de Las Ventas, para tirar de la manta. Con rigor, sin jugar a taurinitos para entretener a sus mas mediocres militantes.
Han pasado más de cuatro años.
Servidor, yo, sigo mandando en la gestión de mi hambre, en la dosificación de mi paciencia y en la potenciación de la memoria para, en su día, poder pasar a limpio una larga lista de olvidadizos, desagradecidos y truhanes.
Los personajes de la historia han ido emergiendo enlodazados del fango en que han andado con frac y chistera.
San Román (Malaya) hizo un crucero por Alhaurín. Calderón, rima con…. ón. Sánchez, González y Martín, en los papeles.
¡Ah!, ¿Y Esperanza? Pobre mujer, sólo sabe bailar cha,cha,cha.
Lo de la canción ¡vaya!
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Crítico taurino y Periodista
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