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Toros en Santander: la feria del norte

lunes 27 de julio de 2009, 22:07h
No está siendo, esta edición, la mejor en la larga historia reciente de la feria del Norte en Santander, desde el “milagro”, recuperación y consolidación; ni tampoco está entre las más lucidas en los últimos trece años, ciclo de José Antonio Martínez Uranga que ha decidió, por el mismo, ha concluido.

No es un buen año de toros; menos de corridas completas, o casi completas. Principalmente en ferias de importancia donde el nivel del toro (tamaño) ha tocado techo. Y Santander es, en la actualidad, de esas plazas de nivel.

Tres encierros han preocupado sobremanera: Fuenteymbro, Cebada Gago y Bañuelos, todas en opuesto comportamiento de lo que de ellas se esperaba. Las dos primeras, sin casta ni agresividad, entre paradas y pastueñas desesperantes.

La de Fuenteymbro gozó de un Perera que tapó hasta donde pudo los defectos acusado de un lote hueco. Por el contrario dos toros manejables, dejando estar, primero y sexto coincidieron con Esplá en fase de despedida y Talavante en su versión más abúlica, que desgraciadamente es una constante cada tarde.

A la de Cebada le cortó una oreja Padilla, en la que el “ciclón” hizo de toro, de torero y de hombre orquesta total para darle a su público de Santander, que le adora, una pequeña alegría.

La de Bañuelos, fue lo contrario. Arreones, parones, metiéndose por dentro, las caras por las nubes, etc. Tan sólo la firmeza de Pinar ante un toro cuya transmisión era ir a saltos posibilitó cortar una oreja. Trofeo que hubiera cortado por despliegue de recursos de veterano Daniel Luque con animal entablerado. Oficio del que no dispuso Francisco Marco para que no cantara tanto su lote.

Dos han sido las corridas del toro medio, y medio toro, también en media corrida. La diferencia en cantarse y contarse de distinta manera el “dejarse” de tres toros de Matilla y tres toros de Victorino estuvo en las manos que los manejaron.

La obsesión por el poderío de Juli acabó pronto con el fondo de su lote. Por lógica cortó la oreja del primero y pudo hacerse con las dos del cuarto; pero fue todo inmenso poder sin un mimo ni un cariño, ni un regusto –aunque fura sin toro- como demandaban los animalitos. Sí lo hizo El Fandi, con su aire más festivo y adecuado para estos encierros. Cortó un trofeo y otro se lo negó el Presidente. Manzanares atrincherado en la exquisitez, la elegancia y el empaque, con este tipo de toros el tirar líneas no cuaja más allá de salir indemne y culpar al animal.

En la de Victorino hubo un cuarto que por el pitón derecho se pareció a un “Victorino”. Cierto es que se encontró con un Fundi, en proceso de rehabilitación que hizo un esfuerzo y lo lució. Le negaron la oreja como factura a cobrar por abreviar con la alimaña que abrió plaza. Lote asequible- siempre hablamos de gas-oil-, sobremanera el sexto –aunque sin clase- el de Joselillo que fue todo disposición pero con las secuelas de la paliza de Pamplona y bisoño en la psiquis que requiere este hierro. Ferrera banderilleó serio y arriesgado y tiró de veterano de guerra para jugar al escondite con su lote y salir airoso.

La larga semana de toros se reduce al martes. Aunque tal fecha puede valer por toda una feria. Gran corrida, esmerada, como si se jugara la temporada en Santander, de Puerto de San Lorenzo. Tres toros de gran nota y uno muy notable al que cortó oreja un Cid con muchas fases brillantes de no hace mucho y algunas dudas de hace muy poco. La espada, otra vez, le mermó triunfo mayor al cuajar al excelente segundo. Esa espada que tras dejar tarjeta de visita de torero caro con la oreja cortada en el tercero, impidió a Leandro reventar la feria con el sexto. Faena de feria y faena de cuadro de honor de la temporada.

¿Y los otros dos toros? Pues los otros dos fueron Ponce y sus manos. De los dieciocho espadas que han desfilado por la negra arena de Santander, es el que lo he tenido más claro. La única puerta grande se abrió para él. El secreto es a voces: torear a favor del toro.
¿Pero eso no es torear? Eso es hacer de enfermero.

Cabalito. Pero con gusto, ritmo, son y compás. Eso sí es torear.

Ocurrió el martes en Santander. Pero el lunes en coso de similar importancia o mayor, Mont de Marsan, ante afición acuñada de torista, como la francesa, el enfermero mutó en domador, siempre lo que pida el toro, y se entretuvo en cortar tres orejas a un corridón de Samuel Flores ante el que ni se anuncian la élite del escalafón, por algunas generaciones, menos ponerse delante.

Un tópico – entre muchos- que se maneja respecto de Ponce, no es del todo cierto. No se inventa toros. En Valencia no los hubo y no surgió el invento. Es la diferencia entre inventar y descubrir, con ciencia, sapiencia y paciencia.

Ponce no es de otra galaxia, ni samurái ni kamikaze, ni enigmático ni diferente. Es una persona normal. Es un torero: simplemente, el mejor.

Pedro J. Cáceres

Crítico taurino y Periodista

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