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RETRATO DE DEMETRIO POLIORCETES

El Prado restaura una enigmática cabeza monumental helenística

lunes 12 de junio de 2017, 15:50h
No hay certezas sobre dónde fue hallada ni a quién representa.
Retrato de Demetrio Poliorcetes (307-300 a.C).  Bronce. Museo del Prado
Retrato de Demetrio Poliorcetes (307-300 a.C). Bronce. Museo del Prado

La colección de escultura del Museo del Prado, “reducida, pero exquisita”, según su director, alberga piezas excepcionales que rara vez trascienden, pero cuya importancia para la historiografía es indudable. Tal es el caso de uno de los escasos bronces helenísticos que se conservan y que acaba de ser restaurado por el taller del museo.

La cabeza monumental recuperada corresponde, según la identificación del Prado, al general y rey helenístico Demetrio I, llamado Poliorcetes, que vivió entre el año 336 y el 283 aC. Antes se pensó que correspondía a una efigie de Alejandro Magno, después a Demetrio de Falero y más tarde a Lisímaco.

La idealización de los rasgos físicos del bronce ha llevado a confusiones, ya que l rey macedonio fue el precursor de esta práctica por la que reyes y dignatarios se hacían identificar con dioses y héroes. “Resulta difícil determinar su identidad”, afirma el Prado en el catálogo editado con motivo de su recuperación.

Se tiene constancia de su llegada a los fondos del museo en 1828 procedente de la colección real de Felipe V. Sin embargo, nada se sabe de dónde fue encontrado ni de las circunstancias de su hallazgo. Sí que se trata de una pieza de alta calidad, como demuestra la “magistral elaboración de la cabellera” o detalles como las puntas de los rizos sobre la frente, “que están ejecutadas como elementos exentos”, explica la pinacoteca.

Su tipología "ambigua", según el Prado, también despierta dudas, ya que aporta dos mensajes si se mira de frente o de perfil. En el primer caso remite a las formas ideales del arte griego en la representación de dioses y héroes mientras que en el segundo caso sus rasgos se asemejan a los de un retrato.

Lo que sí tiene claro el museo es que se trata de un original helenístico "por la maestría de la fundición y por la expresión y estilo impactante del bronce”.

Un bronce muy dañado

Sus 45 centímetros de longitud hacen pensar a Elena Arias, responsable de su restauración, en la posibilidad de que formara parte de una escultura monumental que habría medido unos 3,5 metros teniendo en cuenta el canon antopométrico clásico de siete cabezas y media.

“Posiblemente estuvo colocada en un lugar alto desde el que fue derribada”, explica Arias, a lo que el catálogo añade la posibilidad de que el resto de la escultura fuera destrozada “para aprovechar el valor del metal”.

Eso explicaría las múltiples fracturas que presenta la cabeza, que se encuentra dividida en doce piezas. Una evidencia a la que Arias suma otra: “Ha sido intervenida en numerosas ocasiones”.

Los retoques a los que ha sido sometida la obra han provocado que su estado de conservación sea tildado por el propio Prado como “penoso”.

Recuperar su esplendor ha sido posible en sus talleres gracias a un pormenorizado estudio técnico que ha incluido radiografías y fluorescencias que han permitido localizar las zonas más frágiles – fracturas y fisuras -, así como analizar la composición de los materiales. El objetivo, según Arias, ha sido “recuperar la superficie y el color original, además de reforzar la estructura interna”.

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