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ENTREVISTA CON EL DIRECTOR DE EL INSULTO, ESTRENO EL 16 DE MARZO

“En Oriente Medio, dar a una mujer un papel inteligente y sexi hace más que el #Metoo

“En Oriente Medio, dar a una mujer un papel inteligente y sexi hace más que el #Metoo”
viernes 16 de marzo de 2018, 10:37h
El libanés Ziad Doueiri estrena en España El insulto, primera película del país árabe en lograr una nominación al Óscar a mejor película de habla no inglesa. Por Javier Nuez.

Un simple canalón roto, un insulto y una disculpa que no llega. Un pequeño detalle en apariencia que germina en un conflicto de alcance nacional. ¿Cómo se llega hasta ese punto? Porque entre medias están un palestino refugiado en Líbano y un libanés ferviente militante del partido cristiano. Dos extremos aparentemente irreconciliables que aún arrastran en el alma las heridas de una guerra civil que concluyó hace casi treinta años.

El insulto puede ser un retrato del odio y a la vez del perdón. Una llamada a la reconciliación, a la esperanza de abrazar los elementos comunes que unen o una radiografía de la ira enfermiza contra el prójimo. El propio proceso de creación de la película ha llevado al director a transitar por esos caminos y reflexiones. Ziad Doueri, criado durante la guerra civil en una familia propalestina y anticristiana, se puso al otro lado para entender “la narrativa” del otro bando. Joelle Touma, coguinista y exmujer del director, hizo el camino contrario. De familia cristiana, trazó el camino del personaje palestino.

Con este trabajo, la película traza en la pantalla las dos vertientes del conflicto logrando que el espectador entienda las motivaciones de ambos lados y que incluso empatice con ellos. Aún con ello, tocar los temas que trata El insulto genera aún controversia en el Líbano. Pese a sus orígenes, ahora Doueri es visto como un héroe por los cristianos mientras que la izquierda musulmana llama al boicot de sus películas. Su propia madre dejó de hablarle cuando se hizo amigo del líder del Partido Cristiano. Tal y como él dice, “siempre tengo la capacidad de meterme en problemas, es algo que está en mis genes, en mi naturaleza”.

¿Cuál fue el germen de El insulto? ¿Buscó contar una historia de personajes aprovechando el contexto histórico o quiso examinar la Historia libanesa a través de los personajes?

Más bien la primera, aunque realmente no sería ni una ni otra. Lo que yo no quería era hablar sobre el conflicto. Empezó al contrario. Yo quería hacer una historia sobre dos personas que se tiran los trastos. Contar el origen y la trayectoria que les llevó a ello. Así que comencé a escribir la historia por detrás. Lo que quería era hacer una película de juicios. Me gusta mucho el concepto de justicia, pero lo que pasa es que no puedes hacer una película sobre un concepto. Tienes que hacerla sobre personajes, no ideas, porque si no te sale una cinta filosófica y para nada era mi intención. Una historia sobre dos personas, ya está. Un tipo cristiano y un tipo palestino –aunque sobre todo la del cristiano-. Y luego empecé a añadir conflicto social.

A medida que la historia avanza, lo hace también la escala del conflicto. ¿Cómo logró no perder el foco sobre los personajes a medida que se acrecentaba?

Porque la historia es algo que siento como algo personal. Yo me he visto en una situación muy similar a la que desencadena la película. Una en la que dices algo y todo se desmadra. Creo que es parte de mí, de lo que soy como persona y como guionista. Siempre he tenido sensibilidad por lo insignificante que se convierte en catástrofe. No sé el porqué, si es algo genético o porque crecí en un país en guerra. Me gusta asumir riesgos, muchos. Y a veces estos son estúpidos pero siempre logran ponerme al límite. Tengo una capacidad innata para meterme en problemas. Es mi naturaleza.

Por poner un ejemplo: la semana pasada estaba en Los Angeles. Alquilé un coche y tenía que dejarlo en la calle y pagar el parquímetro. A las ocho de la mañana debía bajar para quitarlo o poner otro ticket. Me puse la alarma a la ocho menos cinco, lo justo para tener tiempo suficiente para echar más dinero. Cuando llegué había una mujer negra poniendo una multa. Entonces me enfrenté a ella:

“-¿Por qué me estás poniendo una multa?

-Te has pasado un minuto.

-Pero bueno, sólo es un minuto y ya estoy aquí.

-Da igual. Te la llevas de todos modos.”

De haberme dejado llevar, le podría haber dicho algo que estuve pensando en decirle y provocar un tumulto. Y si viviera en Madrid unos años, seguro que encontraría algo que pusiese de mal humor a un español y provocaría otro. Es el tipo de cosas con las que estoy familiarizado. Cómo coges algo insignificante y lo transformas en catástrofe, hasta el punto de que eres tú el que causa el problema y no lo puedes parar. No sé por qué tengo ese talento. Debe ser algo genético o psicológico.

Cuando crecí en la guerra, crecí aprendiendo a odiar a la derecha cristiana. Pensaba que los teníamos que exterminar

Durante el proceso de escritura del guión, junto a su exmujer, cada uno se puso en el lado de la historia opuesto a sus ideas personales. ¿Qué le llevó a trabajar de esta manera?

Puedo llegar a saber las respuestas pero no las sé todo el tiempo. Cuando crecí en la guerra, crecí aprendiendo a odiar a la derecha cristiana. Pensaba que los teníamos que exterminar. Y aunque viví así, en ocasiones la vida te hace cuestionarte cómo has vivido tú y también cómo la hecho el otro lado. La clave es oír su narrativa porque cuando odias a alguien crees que no tiene ninguna. Yo, sin ser de una familia cristiana, empecé a relacionarme con cristianos, a los que odiaba. De hecho, al cabo de los años llegué a hacerme amigo del líder del partido cristiano, una de las personas más estigmatizadas de Líbano y que ha derramado sangre. Cuando mi madre se enteró de esto, quedó más que consternada. ¡Dejó de mandarme comida! Mi padre trató de convencerme de que volviera y hablase con ella porque mi madre odiaba a esa persona. No es que odiase al político, pero habían muerto 200.000 personas en ese conflicto y ahora no sólo soy amigo suyo sino que me cae bien. Porque siento curiosidad por el otro bando. El insulto es el resultado de todo ese proceso.

¿Entonces es posible sanar las heridas de un conflicto así?

No te puedo responder a eso porque no soy sociólogo ni psicólogo ni filósofo ni político ni una ONG. Son cuestiones muy importantes y a mí, de todos modos, me da igual. No es mi problema. Lo que sí me importa es que yo pueda o no reconciliarme contigo. Pero no puedo hablar por el resto de la sociedad. ¿Cómo voy a saberlo? Todo el mundo tiene su opinión. En Twitter, en Facebook… todos quieren cambiar la sociedad. ¡Chorradas! Yo no sé cómo cambiar el mundo. Tú tampoco. Si quieres hacerlo, buena suerte. Yo sólo puedo expresar mi opinión y esta película es la mía. No puedo dar grandes titulares como “Oh, he hecho una película sobre la paz”. ¡Qué le den a la paz! ¡Qué le den al amor!

El insulto toca temas muy sensibles para un país y un entorno con un contexto de enorme complejidad, ¿es posible que algún colectivo se haya molestado con la película?

Hay muchas personas a las que les encantó y que incluso lloraron y otras que la odiaron. La comunidad musulmana, en su mayoría, boicoteó la película y los cristianos la amaron. Soy un héroe para esa comunidad ahora –no para todos, eso sí-. La izquierda no me puede soportar. Aborrecían la película antes de verla.

En los créditos del comienzo, hay una frase que reza “El contenido de esta película no representa la opinión del Gobierno de Líbano”, ¿fue forzado a ponerla?

Sí, el Gobierno me obligó a incluirla para autoprotegerse.

A lo largo de la promoción de la cinta llegó a ser arrestado y puesto en libertad en cuestión de horas por un asunto pendiente de su anterior película.

Violé la ley en 2011 cuando fui a Israel con mi pasaporte estadounidense, porque es ilegal para un libanés viajar allí al ser dos países que técnicamente siguen en guerra. Pero el Gobierno no tenía realmente ningún problema. Fue el movimiento de izquierdas BDS* el que se lo tomó mal. Ellos son los que me han dado problemas.

*[BDS: Boicot, Desinversiones y Sanciones, un movimiento global de presión contra Israel y que defiende la causa palestina.]

La izquierda libanesa es fascista

Un movimiento que ya llamó al boicot con su anterior película, The attack (El atentado).

Lo hicieron con esa película porque rodé en Israel y han seguido con El insulto porque digo cosas que no les gustan. Ayer todavía seguían escribiendo artículos en contra de la película. Todo porque digo que los palestinos también cometieron delitos y eso no les gusta. La izquierda libanesa es fascista.

Pero justo en El insulto se retratan ambos lados de una manera en la que el espectador llega a empatizar con los dos personajes y comprender sus motivaciones. No hay un ataque directo a ninguna parte.

Exacto. Para fanáticos como el BDS y el movimiento de izquierdas libanés hay una línea roja que he cruzado. No les gustan las ideas que suelto en la película. Y esto son hechos, es lo que ellos dicen.

Ahondando en esto, ¿hay una línea que no se deba cruzar? ¿Hay límite a la libertad de expresión?

Yo no pongo líneas, yo las cruzo. Eso es lo que hago para vivir. Tú eres periodista, tú has de cruzarla también. Si no la cruzas, no has hecho bien tu trabajo. Has de ir más allá. Cineastas, escritores, periodistas… tienen que cruzar esas líneas. Los políticos no porque han de tener en cuenta otras cosas, algo que los artistas no. Yo puedo decir lo que quiera. De hecho, hay que contar la verdad porque es más interesante.

Uno de los aspectos más destacables de El insulto es el de sus personajes femeninos, fuertes y vitales para la trama, no un simple relleno o acompañamiento.

Queríamos mostrar que las mujeres son más razonables, capaces de llevar la contraria a sus maridos. Queríamos enseñar que pueden ser inteligentes, guapas, sexis, justas… todas son justas, incluso la jueza. Queríamos que una mujer fuera la que dirigiera el juicio. En Oriente Medio, tener estas mujeres sexys en estos papeles inteligentes es más importante que el movimiento #Metoo, es más signifactivo.

En Oriente Medio, tener estas mujeres sexys en estos papeles inteligentes es más importante que el movimiento #Metoo

¿Hay entonces una idealización del Líbano actual?

Es una mezcla, parte real y parte ficción. Lo real es el conflicto entre los dos personajes principales y la Historia, lo que ocurrió en el país. Pero he usado la ficción cuando tratamos de mostrar la justicia del establishment porque realmente no es así de justa.

Con todo esto que le ha ido sucediendo con la película, acabando con la nominación al Óscar, ¿cómo valora el viaje que ha tenido con El insulto?

Todo ello han acabado siendo cosas positivas. No voy a llorar por no haber ganado el Óscar. Emocionalmente y moralmente ha sido satisfactorio porque te das cuenta de que el esfuerzo ha compensando cuando la gente va a ver la película. Lo que sí es seguro es que la nominación habrá servido para dar más publicidad. ¿Ha cambiado mi vida eso? No, salvo que es seguro que será más fácil financiar mi próximo proyecto porque para este tipo de cine es muy difícil encontrarla.

¿Tiene claro ese siguiente proyecto?

Aún no tengo una idea muy clara. Estoy todavía dándole vueltas. Pero sí es seguro que voy a hacerlo de nuevo con Joelle Touma.

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