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Huelga de deberes, inquietante metáfora

martes 08 de noviembre de 2016, 11:42h
Actualizado el: 08 de noviembre de 2016, 11:53h
No corren buenos tiempos para la lírica. Pero tampoco, desgraciadamente, para la cordura y el sentido común ni para valores como el esfuerzo, la excelencia y la perseverancia, esenciales en la sana y completa formación de la personalidad. Un tan deplorable como disparatado ejemplo de ello lo encontramos en la huelga de deberes de los escolares auspiciada por la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (Ceapa). Algo que, para más inri, no se ha lanzado como una propuesta, como un punto de debate en torno al asunto, sino como una imposición. Semejante planteamiento no tiene precedentes en el desatino de unos progenitores que instan a sus hijos a acomodarse en la holgazanería y la desidia.

Unos mismos padres que luego muchas veces se lamentan de que sus vástagos hayan caído en el conocido como “síndrome del emperador”, esos niños que son pequeños tiranos, imponiendo su voluntad y sus caprichos. La raíz de este indeseable, y cada vez más extendido fenómeno, hace especial mella en niños super-protegidos, a quienes no se les ponen límites ni se les inculca las más elementales e imprescindibles normas de comportamiento y sentido de la responsabilidad.

La huelga de deberes viene a incidir en ello, trasmitiendo a los pequeños que lo guay -errónea idea también la de los padres que abdican de su condición de tales para convertirse en “colegas” de sus hijos- es solo lo lúdico, vivir en una poco menos que permanente fiesta, donde todo puede conseguirse por arte de magia, donde los derechos no llevan aparejadas responsabilidades y obligaciones, y donde no han de existir las inevitables decepciones y frustraciones.

Sin duda, la cuestión de los deberes puede abordarse y revisarse con sensatez, en la inteligencia de que el juego y la participación en la vida familiar son esenciales en la socialización infantil. Pero no es de esta manera como lo ha hecho la Ceapa. Al contrario, la suya revela hondos desajustes de nuestro presente, convirtiéndose en una inquietante metáfora del hoy. En la sociedad actual se glorifica el éxito, pero se escamotea que su logro, cualquier cosa que merezca la pena, exige responsabilidad y esfuerzo. Lo que precisamente quieren apartar de sus hijos los instigadores de semejante huelga, haciéndoles un flaco favor porque bien se sabe que la vida no es una continua fiesta irresponsable del todo vale. Como esos niños espoleados por sus padres al relajo tendrán ocasión de comprobar. Y, entonces, más dura será la caída.

Con una educación laxa, en la que se destierre el esfuerzo y en la que se quite a los profesores la menor auctoritas para presentarlos como figuras arbitrarias que quieren castigar a sus alumnos con los deberes, no se formarán ciudadanos libres y responsables. Serán súbditos, que no ciudadanos, marionetas sin valores, sin criterio, sin la forja de un carácter, zarandeadas por todos los vientos, presas fáciles para caer individual y colectivamente en todo tipo de añagazas.
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