Berlusconi, prescrito el delito de corrupción
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 26 de febrero de 2012, 20:20h
Este sábado, mientras Iñaki Urdangarin declaraba en los Juzgados de Palma, el Tribunal de Milán declaraba prescrito el cargo de corrupción con que se acusaba el ex presidente del Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, por un presunto soborno del abogado británico, David Mills. Para el cavaliere, se pedían 5 años de cárcel por haber pagado casi 450.000 euros a Mills a cambio de unas declaraciones falsas en dos procesos de los años 90. La misma justicia italiana que declaró a Mills culpable en 2010 –tras un proceso de 8 años- y le condenó a 4 años de cárcel, ha declarado que el cargo de “corrupción en acto judicial” ha prescrito.
Una prescripción no es una absolución: este enunciado que puede parecer sencillo y obvio, merece ser subrayado ya que muchos medios nacionales e internacionales (sobre todo conservadores) intentan confundir a la opinión pública, manipularla hablando de persecución y victoria. No se trata de una sentencia de condena, pero tampoco de absolución, sino más bien se declara que “se ha extinguido el tiempo para perseguir e indagar” el delito imputado. Y Berlusconi ya se ha “salvado” gracias a la prescripción 5 veces. Por eso no debe extrañar que en los últimos tiempos, el cavaliere más que apelar a su inocencia, insistiera sobre la prescripción del delito. Asimismo, no resulta creíble que ahora sus abogados se declaren insatisfechos con la sentencia, ya que auguraban una plena absolución: si fuera así, como hombres de leyes, deberían saber que pueden renunciar a la prescripción y esperar una sentencia firme.
Durante sus mandatos presidenciales, Berlusconi mostró su constante interés y preocupación por los temas judiciales, dedicando gran parte de su esfuerzo en el intento de cambiar las leyes y evadir la Justicia, acusada y desprestigiada constantemente. En estos años, el ex presidente diseñó una serie de leyes de inmunidad a su medida, ad personam, que encontraron la reticencia de la oposición, de la Magistratura y de parte de la opinión pública. Aún así, Berlusconi aprobó 29 leyes o decretos leyes para intentar librarse de los innumerables procesos en que se veía involucrado. Y, a la última va la vencida: el 13 de abril 2011 el Gobierno Berlusconi aprueba una ley definida por el Gobierno como “prescripción breve” y atacada por la oposición como “amnistía disfrazada”, cuyo objetivo –en teoría- era recortar en un 10% la prescripción de los delitos cometidos por los imputados sin antecedentes penales. La prescripción por los delitos de corrupción pasaba de 10 a 7 años. Por eso, para los opositores, su aprobación servía para salvar Berlusconi de una condena en el caso Mills. Como decía el sabio Andreotti, “es pecado pensar mal de los otros, pero con frecuencia se acierta”: en el caso Mills tenía razón quien pensó mal, porque el delito se considera prescrito…por unos días. Todo depende de si el presunto soborno se materializó cuando Berlusconi envió el dinero al abogado (noviembre de 1999) o cuando éste empezó a utilizarlo (febrero 2000).
No obstante, leyendo los titulares de los periódicos internacionales, resulta manifiesta la impresión de que “Silvio Berlusconi vuelve a burlar la justicia en Italia”, “Berlusconi burla otra vez a la Justicia”, “Berlusconi hace un nuevo corte de mangas a la Justicia”. Mientras Berlusconi tiene tres juicios todavía pendientes, gran parte de la opinión pública italiana no puede evitar preguntarse: si Mills ha sido condenado por haber mentido, ¿no debería haber alguien que le obligara-exhortara a hacerlo? Es decir, si hay un corrupto, ¿no debería haber un corruptor? ¿Si hay un sobornado, no debería haber un sobornador? ¿La condena de Mills no representa una prueba?
Puede que tenga razón Berlusconi cuando afirma que no sólo detenta el récord mundial de procesos judiciales, sino el de todo el sistema solar. No obstante, terminado su reinado, permanece el berlusconismo, su herencia y las consecuencias de su largo mandato. Años perdidos para Italia, hundida en una profunda crisis económica e institucional. Pero, también años útiles para el presidente del Milán, que puso en marcha una maquina gubernamental encargada de confeccionar leyes “SS”, “Salva Silvio”: así que, como bien dice un periódico italiano, mientras en Milán se emprendían los procesos Mills, Mediaset, Mediatrada y Ruby, en Roma afloraban las leyes para bloquearlos, en una carrerilla continua. Finalmente, este caso de prescripción representa una grave herida al Estado de Derecho, premiando una ley ad personam y la táctica perditiempo de su defensa. La sentencia del sábado pertenece a la época berlusconiana, una época pasada pero aún tan presente y cuyos vicios o daños colaterales (conflicto entre poderes, preeminencia del poder ejecutivo sobre el legislativo, estilo personalista….) seguiremos pagando. Este fallo no representa el rescate político del cavaliere ni debe representar una ocasión para volver a la política activa. Un retorno a Berlusconi sería un suicidio político-económico: como dicen en Italia, si alguien cree que alguna vez se ha “suspendió la democracia”, no fue con Monti sino más bien con Silvio Berlusconi.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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