Cambios en los partidos políticos tradicionales
martes 28 de febrero de 2012, 21:23h
No siempre es fácil anticiparse a los cambios que han de venir, pero, o mucho me equivoco, o estamos asistiendo en estos años a lo que puede ser una mutación en la concepción tradicional que tenemos de los partidos políticos. Estas organizaciones que hacen de eslabón intermedio entre los ciudadanos y las instituciones, están avanzando en los albores del siglo XXI con estructuras propias del siglo XIX, a pesar de algunas evoluciones que se han producido en el siglo XX, con el paso de los partidos de notables a los partidos de masas.
Sin embargo, estamos viendo como en el mundo más desarrollado la valoración de los partidos políticos tradicionales está en unos niveles realmente bajos, la desconfianza y la desilusión de los ciudadanos respecto de los partidos políticos es ciertamente indudable y es bueno afrontar la realidad que vivimos y actuar en consecuencia. De entrada la sociedad civil está cansada de los casos de corrupción y de la falta de responsabilidad frente a determinadas gestiones públicas verdaderamente desastrosas. También los ciudadanos buscan cada vez más personas preparadas y cualificadas para sacar hacia delante una sociedad moderna muy compleja. La crisis económica y financiera del primer mundo ha demostrado como los controles han fallado y, en última instancia, las personas que han estado en los puestos más altos de las responsabilidades políticas y económicas, a la luz de los hechos, no han actuado con acierto.
Creo que nos movemos hacia partidos políticos con una menor carga ideológica sobre las grandes concepciones del mundo, éstas cada vez están más atomizadas y en la sociedad de la información y en la aldea global, cada individuo busca particularmente la suya. En el siglo XIX esto era realmente imposible, hoy no, en este sentido los partidos político tienen ya poco o nada que aportar. Ahora tienen que ser mejores gestores, informar con transparencia y estar, por encima de todo, al servicio del ciudadano. La honestidad será la marca distintiva de los partidos políticos del siglo XXI, junto con la cualificación. Se precisará personas preparadas y personas honestas, con vocación real de servicio. Para esto los partidos políticos no podrán mantener sus actuales estructuras elefánticas. Los políticos clásicos que entran en el partido con veinte años y salen con sesenta o más, creo que realmente no tienen un gran futuro.
Tenderemos a estructuras mucho más ágiles, delgadas y flexibles. Se precisará de profesionales altamente cualificados que dediquen algunos años de su vida al alto servicio público que es la política. Deben ser personas independientes del partido como modus vivendi, para que puedan servir prioritariamente a los ciudadanos. Deben vivir más, como diría Max Weber en su obra El político y el científico (1919), para la política que de la política.
Muestra de que necesitamos esos cambios y que la realidad es la descrita, la podemos encontrar, por ejemplo, en El País de 26 de febrero. Extraigamos algunas noticias: Berlusconi esquiva otra vez a los jueces; Islandia sigue sin superar sus miedos, se extiende el pesimismo sobre los procesos a políticos y banqueros; Urdangarin intenta cargar toda la responsabilidad sobre su socio; cita con Camps: tres millones en tres días; la exjefa de la CAM intentó engañar al Banco de España tras la intervención; el Gobierno podrá retener tributos a los municipios sin un plan de ajuste, los acreedores se quedarán sin cobrar ni intereses ni gastos…
En fin, pienso que los hechos hablan por sí solos. Precisamos de cambios profundos en nuestros partidos políticos tradicionales, así no vamos a ningún sitio.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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