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EL BORBÓN ROJO
IGNACIO AMESTOY DRAMATIZA LA FIGURA DE DON JUAN III

sábado 01 de agosto de 2026, 17:53h
Ajustada la escenografía de Tomás Muñoz. Eficaces los figurines de Rosa García Andújar...

Reproducido íntegramente por Google, este artículo, aparecido en El Cultural, revista de referencia de la vida intelectual española, fue ampliamente comentado en las redes sociales. Su autor es Luis María Anson, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Lo publicamos a continuación para conocimiento de los lectores de El Imparcial.

Ajustada la escenografía de Tomás Muñoz. Eficaces los figurines de Rosa García Andújar. Relevante el diseño de la iluminación de Ion Aníbal. Vigorosa la música y los espacios sonoros de David Velasco. Profesional y certero todo el equipo con David Ojeda, Mar Navarro, Alejandro Cavadas, Vera Morcillo, García Soria, Petra Porter, José Miguel Hueso, Borja Majárrez, Paulina Sandoval, Alejandro de Juanes, Alejandro Cavadas, Ginés Sánchez… Y excelente, extraordinaria, la dirección de Ainhoa Amestoy.

El autor de esta obra, Ignacio Amestoy, figura decisiva según José Manuel Vila, carga sobre sus espaldas una vida entera de éxitos en el teatro. Su experiencia se manifiesta en la arquitectura de El Borbón rojo. Amestoy es un dramaturgo que conoce todos los secretos del éxito teatral. Y ha sido capaz de resumir en un par de horas la vida de Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII, padre de Juan Carlos I, Rey de derecho de España, nunca fue Rey de hecho, al que todos le dieron tratamiento de Majestad, desde su hijo Juan Carlos hasta Carmen Polo de Franco, la mujer del dictador, cuando visitó a Don Juan y a Doña María en Villa Giralda. El gran historiador Carlos Seco Serrano, en su dictamen para la Real Academia de la Historia, subrayó que Don Juan debe pasar a la Historia como Juan III. En el panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial, junto a los Monarcas que encarnaron nuestra Historia, está su sarcófago que reza: Ioannes III, comes Barcinonae.

Ignacio Amestoy dramatiza la muerte del Infante Don Alfonso, hermano menor de Don Juan Carlos. Teatralmente es un acierto, pero conviene dejar claro, al servicio de la verdad, que aquel pasaje fue solo un desgraciado accidente.

Ernesto Arias y Borja Cortés hacen en El Borbón rojo una representación realmente magnífica de Don Juan y del bufón Francesillo de Zúñiga. La obra de Ignacio Amestoy desprende simpatía y admiración por la figura de Don Juan. “Toda tragicomedia encierra una esperanza en la vida cotidiana y luminosa del teatro”. Ignacio Amestoy se acerca a ráfagas en El Borbón rojo al esperpento, pero su maestría teatral resume la vida de Don Juan en la profundidad con que el hijo de Alfonso XIII hizo frente a la dictadura de Franco. Propuso siempre para el futuro de España una Monarquía parlamentaria, como la danesa o la belga. Don Juan Carlos estableció, en contra de la Monarquía de Franco, la que siempre defendió su padre, la Monarquía de todos, la Monarquía democrática, que devolvió al pueblo español la soberanía nacional secuestrada en 1939 por el Ejército vencedor de la guerra incivil.

Un diez, en fin, para Ignacio Amestoy. Se podrá discrepar o coincidir con él, pero ha escrito y puesto en escena una soberbia obra de teatro. Hace ya treinta y tres años que falleció Don Juan y el tiempo le sitúa con firmeza en el lugar que le corresponde. El monumento de Víctor Ochoa, por suscripción popular, que preside uno de los lugares más emblemáticos de Madrid, recuerda al hombre que lo tuvo todo y que por amor a España a todo renunció. El dictador Franco le distinguió con un odio africano y la Secretaría General del Movimiento mantuvo durante casi cuarenta años una permanente campaña contra él, llamándole rojo y masón, las dos máximas descalificaciones de la época.

Ni Don Juan, su padre, ni Doña María, su madre, ni Doña Pilar y Doña Margarita, sus hermanas, asistieron en 1975 a la proclamación de Don Juan Carlos en las Cortes Españolas como Rey. Cuando convocó elecciones libres, devolviendo al pueblo español su soberanía, Don Juan III renunció a la Corona en un acto celebrado en el Palacio de la Zarzuela. Don Juan se cuadró ante su hijo para decir: “Por España, todo por España, viva España, viva el Rey”. Tras su muerte en 1993, fue enterrado en el Panteón de Reyes del Monasterio del Escorial y allí pudo explicar la lección amarguísima del destierro y la injusticia a los monarcas que escribieron la Historia de España