Por favor, un poquito de humildad
martes 15 de enero de 2008, 20:25h
"Gobernaré con humildad", aseguró Rodriguez Zapatero el mismo 15 de marzo, hace pronto cuatro años. "No os fallaré", reiteraba. Había al menos dos razones para hacerlo así. La primera, la necesidad de restañar las muchas heridas abiertas por las duras jornadas de aquella semana terrible de marzo del 2004. La segunda es que así, modesto e incluso humilde, era el programa con el que había ganado las elecciones, en el que no aparece ni la sombra de una negociación con ETA, ni la reforma de los Estatutos de Autonomía, ni recuperaciones de memorias supuestamente olvidadas, ni menos segundas transiciones (un programa que es ya casi imposible encontrar en la web del PSOE pero que vale la pena repasar). Por ejemplo, el programa del PSOE se limitaba a decir que se daría "un nuevo impulso autonómico para la España plural" mediante la reforma del Senado y la conferencia de presidentes. Sí se hablaba de una "segunda descentralización", pero a favor de los ayuntamientos. Y el mismo programa, tras afirmar la vigencia del Pacto Antiterrorista, añadía rotundamente: "nada ha dado ni dará mejores frutos para la erradicación definitiva del terrorismo que la combinación de la acción policial decidida y constante, la eficaz cooperación internacional, la movilización de los ciudadanos y la unidad de los demócratas". Nada de lo que hemos visto después. Lo razonable hubiera sido gobernar con moderación y sin grandes ambiciones, serenar al país, buscar consensos y acuerdos, hacer pedagogía en las líneas del futuro, ganar las siguientes elecciones por mayoría y llevar adelante ese programa en la segunda legislatura.
Pero le pudo la tentación del poder y ha centrado la legislatura en el intento de refundar el Estado, al parecer necesitado de una segunda transición, una tentación muy latinoamericana pero ausente de cualquier democracia seria. "Se llega al poder como si amaneciera por primera vez, como si todo estuviera por inventar....ahora se habla de transición y sería la tercera; no se puede inventar una transición por el sólo hecho de que yo llego al poder". Felipe Gonzalez no pudo decirlo más claro. Pero Zapatero se embarcó en la reforma de la reforma no solo por necesidad política, la de contar con los votos catalanes y vascos, y para ello, la del tripartito, arrastrando así el aislamiento institucional del PP detrás de un "cordón sanitario" que ha exacerbado (más que apaciguado) al nacionalismo. Lo hizo también por ideología, pues el buen talante y los buenos modales (que se agradecen) apenas encubren un proyecto ideológico que supera con creces el socialdemocrata y ha olvidado la prudencia. Y así, no sólo en los temas antes mencionados sino en otros muchos otros, dio positivos pasos adelante pero con frecuencia deteriorados por el afán de ser el más "progresista" (incluso el más "rojo", como el mismo se definió), olvidando lo que todos los políticos aprenden antes o después: que el último 10% de tu programa cuesta el 90% de los problemas y disgustos.
El resultado ha sido una legislatura "dura y ruda" (Marin) como pocas, con una notable grado de crispación política, alimentado por una todavía mayor crispación mediatica cuyos componentes ideológicos se entreveran con no pocos descaradamente económicos. Crispación a la que el PP ha contribuido con ingenuidad y/o torpeza dejándose arrastrar en absurdas teorías conspirativas. Y que no ha llegado a penetrar en la sociedad civil gracias a la buena salud de la economía española, de la que los ciudadanos hemos disfrutado mientras observamos a los políticos con recelo y distanciamiento crecientes.
Y así, si el 15 de marzo del 2004 la confianza en el gobierno alcanzó un máximo histórico de casi el 70%, y la confianza en la oposición otro máximo del 50%, ambas no han hecho sino descender y hoy dos de cada tres españoles tienen poca o ninguna confianza en el Presidente (un record en nuestra historia política) pero la confianza en Rajoy es aun menor: tres de cada cuatro tienen poca o ningun a confianza en el lider del PP. Desde luego no es mala cosa que los ciudadanos vean con desconfianza una clase política que deja mucho que desear, pues esa percepción es la base de toda esperanza futura. Aunque sí lo es que ello les aleje más y más de la política hasta el punto de que esta es la actividad que menos les interesa, muy por detrás de la familia, el trabajo, los amigos y el tiempo libre, y menos incluso que la religión, lo que no deja de ser paradójico.
En todo caso, quien gane en las elecciones de marzo sabe que habrá terminado con la carrera política de su oponente generando una enorme debilidad en el partido perdedor. Si Zapatero pierde será pasado a cuchillo en el PSOE, y este tardará mucho tiempo en recomponerse. Pero lo mismo ocurrirá si quien pierde es el PP, y la lucha por la sucesión ya está abierta. Pero con partido y lider, o sin ellos, los electores seguirán allí y España no puede permitirse otra legislatura perdida. Pues lo malo del gobierno de Zapatero no ha sido tanto el daño emergente causado por su osadía e inexperiencia (¿qué gobernó Zapatero antes de gobernar España?) sino el lucro cesante, las oportunidades perdidas, los recursos políticos de tiempo y talento malgastados. Pues mientras se enfrascaba en la segunda transición, ante la patente indiferencia de los ciudadanos, nuestra economía pierde competitividad, las exportaciones decrecen, la emigración ilegal continúa, la educación no mejora, tampoco lo hace el I+D+I , nos alejamos de una economía del conocimiento y nuestra política exterior cae bajo mínimos históricos. Zapatero ha tenido una agenda equivocada pero Rajoy no ha sido capaz de presentar otra mejor y se ha limitado a decir No en todos los tonos posibles.
Por ello quien gane (probablemente en minoría) debe hacer un esfuerzo de abrirse a los diez millones de votos perdedores para calmar y estabilizar el país aportando serenidad y sosiego, gobernando con humildad y voluntad de consenso. No vendría nada mal un gobierno de coalición fuerte capaz de articular consenso en bastantes temas de transcendencia nacional, algunos incluso vitales, aunque sé bien que eso no es posible. Pero espero que sí lo sea, al menos, un gobierno que en lugar de arrinconar a los perdedores se abra a ellos ampliando su base de representación para escuchar otras voces, un gobierno como el que Sarkozy ha construido en Francia. La “pasada por la izquierda” ya ha tenido lugar y ha generado bastantes más problemas que soluciones. Por favor, que el ganador gobierne con humildad pensando que no es un salvador ni siquiera un gran un lider, sino un simple administrador de los intereses colectivos. "Despensa y escuela", no grandes ideas es lo que necesitamos.
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Sociólogo
EMILIO LAMO DE ESPINOSA es Doctor en Derecho por la Universidad Complutense y Doctor en Sociología por la Universidad de California-UCSB (1979) y desde 1982 es Catedrático de Sociología en la Universidad Complutense
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