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Francia-Marruecos: semblanza de una polémica (II)

Víctor Morales Lezcano
sábado 31 de marzo de 2012, 19:15h
No pocos años después del meteórico Notre Ami le Roi y una vez desaparecida la figura del difunto Hassan II, otro periodista de la escuela de Le Monde, sin duda menos aureolado que Lacouture y Perrault, dio a luz, a finales de 2001, una híbrida obra titulada Le Dernier Roi. Crépuscule d´une Dynastie (éd. Grasset). Se trata de Jean-Pierre Tuquoi. El lector recordará que en aquellas calendas, Mohamed VI sólo llevaba un par de años en el trono. Se hablaba de él, entonces, como el “rey de los pobres” en los círculos mediáticos de París y Rabat. La astuta diplomacia gala en el Magreb, no tardó en difundir la especie, contraponiendo al joven monarca a la figura de su padre -cuyo reinado estaba sufriendo entonces el veredicto revisionista bautizado como “años de plomo” en el Marruecos contemporáneo-.

A Tuquoi, empero, no le satisfacía demasiado la ruta emprendida por el reino de Marruecos. Los adversarios de la monarquía en Marruecos (siempre encubiertos) y en Francia (que son pertinaces) terminaron por darle a Tuquoi el empujón definitivo para que redactara una obra de impacto, como había sido la de Perrault; sin embargo, el texto resultante oscilaba hacia el género periodístico con aspiraciones a best seller. Se trataba de un ensayo exento de apoyaturas y fuentes documentales (escritas u orales) sólidas, pero redactado con pluma fluida, como es habitual que ocurra en los pagos literarios de nuestro vecino país transpirenaico. Tuquoi, finalmente, auguraba una decadencia histórica de la monarquía en Marruecos y, por extensión tácita, soslayaba el tema de un cambio de régimen.

De nuevo, las páginas de Le Dernier Roi… generaron regocijo en algunos que otros círculos mediáticos y políticos españoles, mientras que la opinión pública del común, en Marruecos, continuó impávida por su desinformación y por una cortedad opinática de génesis autorrepresiva.

Y henos ahora con que, en 2012, suena otro estallido editorial francés en torno al tema de marras: Marruecos, la monarquía alauí, y el indecente encanto y complicidad de las relaciones franco-marroquíes. Me refiero a la obra de Éric Laurent y Catherine Graciet titulada Le Roi Prédateur (El rey depredador), una primicia editorial de Grasset, sello nada desdeñable en la Europa francófona y entre los sectores cultos del Magreb.

Se impone recordar, aquí y ahora, que Éric Laurent había realizado años antes una serie de entrevistas “íntimas” al difunto Hassan II, que tuvieron lugar en diferentes residencias palaciegas del monarca alauí. En aquellos años escribía Laurent: “el soberano marroquí se mostró complejo, con frecuencia brillante, en todo caso más denso y enigmático en sus comentarios y silencios que la mayoría de los jefes de Estado que yo había entrevistado hasta entonces”. Aquellas conversaciones culminaron en un testimonio, Hassan II: La Mémorie du Roi (éd. Plon, 1993). Luego de hecho el esbozo, un tanto reverencial, del siempre debatido monarca alauí, Laurent -con el auxilio de Catherine Graciet- ha lanzado al espacio, veinte años después, una catapulta publicística que pretende dinamitar al infinito las cenizas de la dinastía alauí, actualmente encarnada en la persona de Mohamed VI. Una vez más, volvemos a toparnos en Le Roi Prédateur con una pieza de denuncia política del rey de Marruecos, del Majzen, pero también de sus redes financieras y empresariales, y de quien se ponga por delante. Dicho todo esto sin entrar en el fondo de la veracidad de los datos que se barajan, de las conversaciones que se reproducen, de las tramas y de los juicios de valor que se prodigan en Le Roi Prédateur. Es decir, en ningún momento, se honra en este relato la obligación de oficio de citar fuentes documentales (impresas y sonoras) que hayan alimentado la obra del tándem periodístico Laurent-Graciet. (Hay quien es de la opinión de que esta obra traduce una querella entre agraviados marroquíes y franceses, por lo que el anonimato de los informantes se imponía a todo precio; a lo cual yo argumentaría que ello no es óbice para que la información resultante (testimonial, en este caso) sea grabada, y convertida en documento de referencia, más allá de la fiabilidad que inspire su contenido.

Que este último retoño publicístico de las editoriales francesas dirigido contra el Trono de Marruecos aparezca en una coyuntura crítica como la que impera en el vecino país norteafricano, debido a las reformas desde arriba que se están implementando en Marruecos para evitar levantamientos populares de envergadura; y que, en segundo lugar, se publique y difunda una pieza como Le Roi Prédateur en un período pre-electoral en Francia -muy delicado a todas luces- revela, entre otras cosas, el sentido de la oportunidad inescrupulosa que despliegan los medios de comunicación en Francia y en no importa dónde. Que es lo peor del caso.

Excuso añadir que también Le Roi Prédateur, como ocurrió en su momento con las obras de Perrault y Tuquoi, ha sido de venta estrictamente prohibida en Marruecos; aunque, eso sí, con la diferencia esencial de que en la era de Internet las fronteras y aduanas entre los entre los pueblos han visto su extinción gradual y de no mucho vale el celo de la censura. Debido a ello, los ciudadanos marroquíes podrán calibrar cuánto hay de convincente en el argumentario de los autores de Le Roi Prédateur y cuánta crónica novelada subyace en el grueso de un título más con que viene a abastecerse la semblanza de la polémica franco-marroquí.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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