EL PSOE en Valencia, con freno y marcha atrás
martes 03 de abril de 2012, 02:16h
La dirección socialista de Ferraz acaba de recibir un nuevo varapalo interno al ser vencido su candidato oficial, Jorge Alarte, hasta ahora al frente del PSOE valenciano, que ha sido derrotado estrepitosamente y sustituido por un nuevo líder regional, Ximo Puig Ferrer, crítico contra Alfredo Pérez Rubalcaba y adalid del proyecto de Carme Chacón. Con frecuencia, recordando el pasado deportivo de Rubalcaba, su entorno lo ha presentado como un corredor de elite capaz de remontar en un tiempo récord a sus lentos oponentes. Esa pequeña leyenda artificiosa no ha parecido traer buena suerte al antiguo deportista que, en las pasadas elecciones, cada vez que era dibujado corriendo con sus portentosas zapatillas de velocista, caía más abajo en los sondeos, hasta que los resultados electorales finales sugirieron que sus zancadas se dirigían hacia atrás en vez de hacia delante, retrocediendo en vez de remontando, hasta cosechar el saldo electoral más desastroso en la historia del PSOE.
Los actuales apoyos a Pérez Rubalcaba no han cambiado de iconografía, del mismo modo que tampoco han variado los resultados adversos. Ahora parece que las zapatillas rojas de velocista deberían servir para desgastar en tiempo récord al Gobierno de Rajoy, aprovechando la impopularidad de los drásticos –e ineludibles- recortes que éste se ve obligado a realizar. Pero de nuevo sus zancadas retroceden en vez de remontar, en una auténtica carrera hacia atrás. Retrocede en cuanto ha trasladado el peso de la oposición a la protesta callejera. Retrocede a su vez cuando tiene que dejar las directrices de esas protestas callejeras en manos de sindicatos trasnochados con ideologías ancladas en un pasado remoto. Retrocede, asimismo, políticamente cuando se aferra a principios socialdemócratas del siglo pasado, que supusieron un innegable avance para la Europa de entonces, pero resultan extemporáneos, anacrónicos e inoperantes para la actual sociedad global. Retrocede, también, Rubalcaba en su modelo de oposición parlamentaria, marcada no tanto por la velocidad sino más bien por la ansiedad: imaginarios planes ocultos del Ejecutivo, catastróficos estragos supuestamente provocados en unos pocos días por la nueva Administración o tajantes líneas rojas trazadas con grandilocuencia desde una exigua base parlamentaria.
Esa ansiedad se ve notablemente alimentada por el progresivo cuarteamiento del poder interno del PSOE, que amenaza con desembocar en un guerracivilismo enquistado en el seno de la formación. Los datos apuntan a que ese incendio interno no hace más que incrementarse. La dirección federal del PSOE sabe que carece de medios para encauzar la deriva del socialismo catalán, impredecible ante los planteamientos soberanistas extremos de Artur Mas. Guarda fresca la memoria su inapelable derrota en Madrid, que encumbró a un líder territorial, Tomás Gómez, considerado en Ferraz como inoperante. Se tiene plena conciencia de que el poder conseguido en el País Vasco posee una pronta fecha de caducidad y de que el inesperado mantenimiento de la Junta de Andalucía traerá consigo efectos ambivalentes. En buena medida, la oposición contra el Partido Popular se trasladará a ese poder territorial que, sin embargo, es más afecto a la derrotada Chacón, y dará más armas a ésta frente al elegido Rubalcaba, en sintonía con lo sucedido en el último congreso gallego.
Dados todos estos antecedentes, la dirección federal del PSOE ha maniobrado con todas sus fuerzas para evitar que un crítico como Ximo Puig Ferrer ostentase todo el poder en Valencia, obteniendo resultados nulos. La derrota de Ferraz ha sido aún más humillante al no haber impedido tampoco que Leire Pajín tenga a partir de ahora el cargo de vicesecretaria del PSOE-PSPV en Valencia. Se trata de la última punta de lanza del “chaconismo” que aguijonea desde dentro a Pérez Rubalcaba, encarnando el “otro” pasado del PSOE, el de la pancarta demagógica y nulidad de gestión en la era Zapatero.
No son buenas noticias para la dirección federal del partido socialista, pero tampoco lo son para el conjunto de nuestra vida política. La democracia española necesita una alternativa al Gobierno realmente preparada para asumir todas las responsabilidades, y no un partido embarcado en un proceso de ajustes de cuentas tras las heridas nunca curadas del 38 Congreso federal. Un grupo parlamentario en este estado de ansiedad guerracivilista está abocado a hacer una oposición destructiva, todo lo contrario de lo que necesita la actual situación crítica de España. Debería descartarse el triunfo definitivo –e improbable- de una facción sobre otra, ni aun una transacción entre ambas, porque las dos representan dos pasados por igual, cada vez más inviables en el siglo XXI.
La vieja socialdemocracia y el reciente socialismo de superficiales lemas demagógicos a remolque de unos sindicatos de otra época y otro mundo y con una gestión estrambótica, donde se han calcinado las más jóvenes promociones políticas del PSOE, deberían dar paso a una profunda modernización, que prepare al partido para afrontar las exigencias del nuevo siglo. Tanto España, como su base electoral, precisan y merecen esa transformación. Sin embargo, las facciones que han entrado en liza en Valencia atestiguan que el PSOE, como aquellos célebres personajes de Jardiel, se mantienen con freno y marcha atrás.