Los medios de comunicación y la crisis
martes 17 de abril de 2012, 21:14h
La ventaja de las épocas de crisis profundas -y ésta que vivimos lo es- se concreta en el carácter revisionista y crítico que las caracteriza y que, bien orientado y entendido, puede ser de mucha utilidad de cara al futuro. En la historia de las crisis se puede salir dando tumbos o reforzado. Estimo que lo más inteligente es esforzarse por andar el camino de la segunda opción.
En la actual crisis que vivimos en España mucho se ha hablado de la clase política, de la banca, de los mercados y de las grandes empresas y multinacionales, pero no sé por qué no hemos analizado el papel que estos años están desempeñando la mayoría de los medios de comunicación social. Las críticas constructivas siempre deben ser bienvenidas y es necesario que la calidad de los medios de comunicación españoles mejore en cuanto a rigor informativo e independencia. Sinceramente, creo que en este terreno se puede y se debe mejorar bastante. Las líneas editoriales evidentemente son necesarias y legítimas, pero cuándo el perfil ideológico impide ser objetivo en la información y distorsionarla, estamos ante un problema realmente serio en el que la democracia queda gravemente dañada, pues la opinión pública está a merced del exceso de ideologización de determinados medios. Las muy lamentables dos Españas, que encontramos en la política, en los medios y, por lo tanto, acaban por perpetuarse en la sociedad. Existen medios que continúan fomentando el pensamiento de bloques, de izquierdas y derechas, maniqueo, dicotómico, excluyente, blanco o negro, parece que no hay más.
Sin embargo, hay que reconocer que dentro de los profesionales de la información, los hay críticos y exigentes, que denuncian con valentía y compromiso la situación descrita. Hace pocas semanas Rosa María Calaf, periodista ya veterana -con 37 años de experiencia a sus espaldas, especializada en el periodismo de carácter informativo y de reportaje, con mucho mundo en su haber, premiada con el “Women Together”-, denunciaba que el actual periodismo estaba al servicio exclusivo del negocio, que se ha llevado por delante la ética y su valor como servicio público. Concretamente señalaba, y no le falta una gran parte de razón, que “el periodismo actual es absolutamente mercenario, sectario, al servicio de unos intereses económicos que serán todo lo legales que queramos, pero que son muy poco legítimos” declaró a la revista Vanity Fair. La ex-corresponsal de TVE concluía apuntado que “Yo el periodismo lo veo cada vez peor, alineado al pensamiento único, y creo que realmente no se está pensando en el interés público”.
Pienso que la periodista catalana tiene razón. La prensa es básica para el desarrollo de una democracia sana, abierta y plural. Una prensa divida y militante de dos únicas realidades, la España de izquierdas y la España de derechas, condena a nuestra Nación y a sus 47 millones de personas, a conocer sólo la realidad que interesa a uno u otro bloque, sin que quepan más opciones o realidades. Solo se vota lo que se conoce, solo se conoce lo que está en los medios y parece que sólo está en los medios lo que al poder establecido le interesa. Y en estos treinta y cinco años de democracia, el poder ha estado básicamente en manos del PPSOE, al igual que una parte importante de los medios de comunicación, con su publicidad institucional dada desde las administraciones locales, autonómicas o del Estado, con sus cadenas locales y autonómicas en estudiadas y controladas concesiones. La información tradicionalmente es el cuarto poder. Tiene también su responsabilidad. Y en esta crisis debe informar a los ciudadanos por encima de sus intereses económicos e ideológicos, con la veracidad informativa que la Constitución marca en su artículo 20.1.d), donde se regulan los derechos claves de nuestro Estado democrático.
Es verdad que existen pequeños oasis informativos y algunos profesionales que no entran en esta política mediática de bloques. Por otro lado, también hay que reconocerlo, tanto internet como las redes sociales han logrado democratizar la información y lograr que los medios de comunicación social tradicionales tengan un peso menor en la sociedad española. Concluimos, una parte muy importante de la calidad de nuestra democracia se juega en el terreno del rigor y la veracidad informativa de los medios de comunicación social, y cuánto menos ideológicos sean, mejor para todos, especialmente para la “información veraz” que apunta nuestra Constitución.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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