La presidenta Kirchner o la infracción como arte
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
domingo 22 de abril de 2012, 19:46h
“El kirchnerismo ha hecho de la infracción un arte y ha convertido la seguridad jurídica en una noción casi inexistente”. La rotunda frase fue escrita por Joaquín Morales Sola, uno de los periodistas argentinos más reputados, en el diario La Nación, el 17 de abril, valorando la expropiación de YPF por la presidenta argentina. El periodismo independiente es una de las pocas instituciones que no han sido contagiadas por el populismo peronista, una de las peores versiones de nacionalismo político del mundo.
El anuncio de la expropiación revistió los ropajes de la demagogia partidaria. La presidenta habló con un retrato de Evita Perón amparándola, y pronunció (¿propinó?) un discurso que recordó –y mucho- al discurso-mitin que pronunció un reciente antepasado suyo: el presidente Adolfo Rodríguez Saá. Cuando tomó posesión de la presidencia de la República (tras la dimisión de Fernando de la Rua, en diciembre de 2001), Rodriguez Saá prometió, como es habitual entre los demagogos peronistas, refundar una nueva Argentina, y anunció que no se iba a pagar la deuda que se debía a varios países extranjeros. ¡El extranjero es el pretexto favorito de cualquier nacionalista! En Argentina se conoce esta lamentable pieza oratoria como “el default”, la suspensión de pagos de la deuda externa. Rodriguez Saá se comprometió, además, a crear una nueva moneda argentina. Los parlamentarios y políticos peronistas aclamaron hasta el delirio sus frases declamatorias. El periodismo crítico argentino ha visto su parecido en el acto protagonizado por la señora Cristina Fernández de Kirchner.
El mandato del presidente Adolfo Rodríguez Saá sólo duró ¡siete días! Pero la comparación del “default” de entonces, con la expropiación de ahora, nos ofrece claves permanentes de la política peronista argentina: el populismo se guía sólo por dos factores: el dinero y las encuestas.
El dinero. Dejando aparte su vertiente de enriquecimientos personales, Argentina necesita mucho dinero para seguir subvencionando a muchos sectores de la población. La presidenta, y su marido -su antecesor en la presidencia de la República-, aplicaron una particular política mercantilista con la energía (en otros sectores fue idéntica): subvencionaron la energía (para abaratar el transporte, la calefacción y la industria) y, a la vez, pagaron por los combustibles menos tarifas que nadie en el mundo: Argentina pagaba 2 dólares USA por BTU (unidad energética equivalente a 1.055 julios), mientras Bolivia pagaba, por lo mismo, 10 dólares; y Qatar, 15 dólares.
Resultado: con unos precios artificiales de compra y de venta, la producción nacional no aumentaba; Argentina tenía que comprar fuera la energía que no producía dentro, a causa de que ese intervencionismo disparatado lo hacía económicamente inviable.
Añadiendo incongruencias, una parte de los beneficios que Argentina recibía de YPF-Repsol iban a parar a la familia de Enrique Ezkenazi. Este empresario compró (con su grupo “Petersen”) una parte del capital de YPF. No aportó capital propio: con la ayuda de Néstor Kirchner obtuvo préstamos para la “re-argentinización” de YPF, y para pagar sus intereses, se emplearon los dividendos que daba la compañía española. La presidenta Fernández de Kirchner ha dejado fuera de la expropiación a las acciones de Ezkenazi. Pero como manifestó Antonio Bufrau, “Ezkenazi está muy preocupado” por las consecuencias de la expropiación. A la vista de la chapuza que fue la re-nacionalización de Aerolíneas Argentinas (desde que volvió al Estado en 2009, pierde al día 2 millones de dólares), existe el riesgo de que no se puedan pagar los intereses de los préstamos contraídos por Ezkenazi.
Las encuestas. Esas son la guía y la justificación de la presidenta. El populismo no funciona cuando la coyuntura económica es mala como ahora. La señora Fernandez Kirchner ha perdido muchos puntos de aceptación popular. Ante esa tendencia negativa, la presidenta no ha dudado en emplear los instrumentos más deleznables del cajón político argentino. La expropiación de YPF-Repsol se ha hecho con una ley que se llama “Videla Plus”, una norma de la dictadura, incompatible con los principios legales universales; y que viola la ley argentina con la que se privatizó YPF.
¿Qué puede hacer España? La debilidad de la economía española, con su reflejo en la Bolsa de valores, ha animado a Fernández Kirchner para decretar su aviesa nacionalización. El Gobierno español debe buscar su fortalecimiento político poniéndose públicamente de acuerdo con el Partido socialista, y con los demás partidos que han criticado la operación argentina. Hinchar el pecho en solitario, defendiendo esa empresa como si ésta fuese España, no conduce a nada. Los socios europeos (¿Angela Merkel nos defenderá en el G-20?), y los americanos, estarán mejor predispuestos a ayudarnos si ven que estamos unidos en una misma tarea. ¡Atención!: China se dispone a sustituir a Repsol y a España. ¿Dónde quedan las palabras patrióticas de los dos ministros del día de la expropiación? Telefónica, Endesa, Fenosa, NH, ACS, Zara, BBVA, etcétera, han recomendado al Gobierno contención y prudencia, pero sobre todo, respuestas conjuntas del Gobierno y de la oposición socialista. Ha causado mala impresión que el ministro Soria ignorase en la rueda de prensa el buen hacer del embajador Rafael Estrella, un socialista que ha dejado muy alta nuestra bandera en Argentina.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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