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Crónica económica

El camino de Irlanda: crecimiento y austeridad

jueves 26 de abril de 2012, 19:44h
El debate que apuntábamos recientemente sobre crecimiento y austeridad vuelve a avivarse en estas horas. Y lo hace cuando se producen, oportunamente, noticias sobre un país que parece responder casi todas las incógnitas: Irlanda.
El presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, ha declarado que no hay una “fórmula mágica” para el crecimiento. Y lo más que ha ofrecido como solución es la inversión pública. Es decir, que mágica o no, Van Rompuy no conoce ninguna fórmula para el crecimiento.

Pero la hay. Quizás “fórmula” no sea la palabra, pero el camino hacia la prosperidad se ha recorrido ya muchas veces; las suficientes como para que algo sí sepamos sobre lo que funciona y lo que no. Uno de los países que ha encontrado ese camino, y que lo ha recorrido, es Irlanda. Irlanda es una nación históricamente asociada a la pobreza. La famosa “crisis de la patata”, que fue una crisis en el respeto de los derechos de propiedad, diezmó la población irlandesa, devorada por el hambre y por el éxodo masivo a otros países.

Cuando entró en la UE lo hizo como socio pobre. Hasta que aquél país llegó a sufrir una crisis mucho más dura que la que vive España; más parecida, en ciertos aspectos, a la que asola a Grecia. Entonces (hablamos de finales de los años 70’), Irlanda empezó un proceso de reformas que le convirtieron en una de las economías más libres y competitivas del mundo. Y a los irlandeses en los segundos europeos más ricos del mundo, después de los luxemburgueses.

En la década previa a la crisis Irlanda, como España, se dejó llevar por el tsunami de crédito facilitado por el BCE. Crecieron los créditos inmobiliarios imposibles de devolver, el Estado los garantizó todos, y luego se vio en un déficit pavoroso, de un tercio del PIB en un solo año. Mientras la economía se ajustaba, el Estado veía cómo su deuda crecía a ritmos insólitos, casi imposibles. Y el mercado empezó a desconfiar. Entonces, se produjo la intervención.

En esta segunda gran crisis irlandesa (de las posteriores a la IIGM), el país ha vuelto a aceptar que tiene que hacer recortes y reformas. En el tercer trimestre de 2009 decrecía a un ritmo interanual del 7,5 por ciento. Volvió tímidamente al crecimiento en 2010, y más desenvuelta en 2011.

Irlanda ha vuelto a recortar el peso del Estado. Ha aumentado los impuestos, pero el verdadero impuesto es el gasto. Y ha mantenido intacta la tasa del 12,5 por ciento sobre los beneficios que es una marca indeleble de la política económica de Irlanda. Y sigue siendo uno de los países más abierto al comercio internacional del mundo.

Recientemente, el Fondo Monetario Internacional ha publicado el informe Panorama Económico Mundial, y en él, como destacaba el banco Danske, preveía que Irlanda tendrá un mejor desempeño económico que el resto de la zona euro. El mismo banco prevé que aquél país vuelva a financiarse por sí mismo en el plazo de un año. Y la troika informa de que el programa de rescate sigue su curso, e Irlanda lo está cumpliendo. Tenía que cerrar el año pasado con un déficit del 10,6 por ciento, y ha quedado en el 9,4.

Austeridad y crecimiento. Dos notas que caracterizan la política económica de Irlanda. El país es aún muy vulnerable a un deterioro de la situación global. Especialmente él, con un alto nivel de deuda pública y privada. Pero también se beneficiaría especialmente si la situación mejora, ya que es una economía muy volcada hacia el exterior. No hay que inventarse una “fórmula mágica”, a Van Rompuy y a los demás les basta fijarse en el ejemplo de Irlanda.
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