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Elecciones legislativas en Argelia

Buteflika se juega la credibilidad de sus reformas

miércoles 09 de mayo de 2012, 18:24h
Mañana jueves 10 de Mayo los argelinos están llamados a las urnas para elegir 462 diputados a la Asamblea Nacional Popular, la cámara baja del Parlamento. Según el proyecto presentado a sus ciudadanos por el Presidente de la Republica Abdelaziz Buteflika, esta nueva Asamblea deberá redactar la nueva Constitución del país. De ella dependerá el reparto de poderes entre las diferentes instituciones y el rol de cada una de ellas.
El “programa de reformas” anunciado hace meses por el Jefe del estado, como respuesta a la presión de la “primavera democrática árabe”, no contiene en sí mismo ninguna novedad: elecciones libres, respeto a las libertades, funcionamiento democrático, derecho de expresión, etc. Algo similar a lo visto ya en Túnez, en Marruecos y en Libia, y anunciado también en Egipto.

La novedad principal sin embargo ha sido la forma elegida por el Jefe del Estado para componer la futura Carta Magna. En lugar de convocar una “Asamblea constituyente” representativa de los partidos políticos, de las sensibilidades sociales, de las diferentes corrientes de pensamiento existentes en el país, Buteflika ha optado por unas Elecciones en las que deberá constituirse el nuevo Parlamento, y éste elaborará la nueva Constitución. Ha seguido el ejemplo de Túnez; salvo que en este último país la participación electoral fue record y la Asamblea elegida es ampliamente representativa de la sociedad tunecina.

Sin embargo, para que este mecanismo de aplicación de la reforma elegido por Buteflika sea legítimo, es necesario un mínimo de representación de la sociedad en dicho Parlamento. Algo que está muy lejos de llevarse a cabo. Según todos los análisis y previsiones, la participación electoral no sobrepasará de ninguna manera el 25%, y eso a pesar de contar con un aumento artificial del número de votantes que han pasado de 17 millones en 2007 a 21 millones en 2012, algo que la mayoría de observadores presentes en el país (500 procedentes de la Unión Europea, la Unión Africana, la Liga Árabe, la Organización de la Conferencia Islámica, Naciones Unidas y otros) dudan de su fiabilidad.

Un parlamento elegido por un cuarto de los votantes no gozaría de la representatividad mínima para debatir y redactar una nueva Constitución para el país. En tal caso todo el programa de reformas anunciado por el Presidente Buteflika quedaría en entredicho. Aunque las Elecciones de mañana jueves no son para designar un nuevo Jefe de Estado, tendrán repercusiones en todas las instituciones del país. La “excepción argelina” de la primavera democrática árabe, se vería seriamente cuestionada. El llamamiento a un boicot activo de las urnas por parte de partidos políticos, de asociaciones civiles, culturales, sindicales y religiosas, de personalidades conocidas de la historia reciente de Argelia, tanto civiles como militares, laicas y religiosas, demócratas y liberales, sería un serio golpe a la autoridad del Presidente y a su credibilidad nacional e internacional. El régimen es consciente de ello, y no sabe como salir del atolladero.
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