RESEÑA
Erri De Luca: Los peces no cierran los ojos
domingo 20 de mayo de 2012, 16:54h
Erri De Luca:Los peces no cierran los ojos. Traducción de Carlos Gumpert. Seix Barral. Barcelona, 2012. 124 páginas. 15 €
Está previsto que a la Feria del Libro 2012, que se inaugura el 25 de mayo en el madrileño Parque del Retiro y está dedicada en esta ocasión a Italia, acuda Erri De Luca. De Luca se ha convertido en un verdadero fenómeno literario, saludado con grandes encomios tanto en su país como en el resto de Europa, donde, entre otros galardones, ha recibido el Premio France Culture y el Femina Étranger, en Francia, y el Premio Petrarca en Alemania.
También, De Luca es una de las figuras más singulares de las letras actuales. Nacido en Nápoles en 1950, participó en el Mayo del 68 y fue militante de izquierdas, enrolado en el grupo revolucionario Lotta Continua. Trabajó como obrero de la construcción, operario en una fábrica de Fiat y camionero, y condujo vehículos de ayuda humanitaria durante la guerra de los Balcanes. Construyó con sus propias manos la casa en la campiña romana donde hoy vive, y practica, con tanta regularidad como entusiasmo, el alpinismo. Aprendió de manera autodidacta diversas lenguas, como el hebreo o el yiddish, y es lector perpetuo y apasionado de la Biblia –aunque ha dicho que no es creyente-, algunos de cuyos libros ha traducido al italiano.
El autor de Los peces no cierran los ojos, su última novela publicada en España –en Italia acaba de ver la luz otra nueva: Il torto del saldato-, se dio a conocer al filo de la cuarentena con Aquí no, ahora, no, título al que siguieron, entre otros, Tres caballos o Montedidio. En toda su producción, De Luca, vuelca sus experiencias vitales, pues su literatura es, sobre todo, un ejercicio del recuerdo, un volver, en especial, a su infancia y adolescencia en ese Nápoles que, si bien abandonó en su juventud, es una marca indeleble: “Nacer y crecer en Nápoles –se lee en Los peces…- agota el destino: vaya uno donde vaya, ya lo ha recibido como dote, mitad lastre, mitad salvoconducto”. En Los peces…, escrita a los sesenta años, De Luca retrocede en el tiempo medio siglo para encontrarse con un niño de diez años que pasa el verano en un pueblo de la costa napolitana. Acompañado por su madre y por la sombra de un padre ausente, que se ha ido a Estados Unidos con la intención de encontrar un futuro mejor –“éramos un país de apestados tras la guerra perdida por el bando obsceno”-, el niño va a la playa y de pesca, pasea en solitario y lee: “A través de los libros de mi padre aprendía a conocer a los adultos por dentro”. Afición primigenia por la lectura que mantiene en todas las etapas de su vida, y donde está la semilla de la dedicación de Erri De Luca a la literatura -por más que se haya destacado poco, en aras de la imagen del “escritor-obrero”-, y de su defensa del valor de los libros, en cualquier situación: “Son la más potente contradicción de los barrotes, los libros. Al prisionero tumbado en un catre le abrían de par en par el techo”.
En ese verano, se halla en un momento complejo. A los diez años, dirá, se escribe por primera vez la edad con dos cifras, y estalla un deseo de crecer en todos los sentidos. Un crecimiento que no deja de tener su parte dolorosa. Conoce la violencia: otros muchachos le propinan una brutal paliza, que, sin embargo, no despierta sus deseos de venganza, pues está convencido de “la inutilidad del odio y de la sangre”.
Con un estilo que busca la autenticidad, la escritura de Erri De Luca tiene su arraigo en la tradición neorrealista: “Amé ese cine de artesanos excelentes que en el momento justo adquiere la intensidad del arte”, apunta, a la vez que confiesa: “En mi estantería hay ahora un libro de Pratolini, Oficio de vagabundo”. La niña con quien vive una “historia de amor” en ese estío napolitano, le dice, al besarle: “Pero ¿tú no cierras los ojos cuando besas? Los peces no cierran los ojos”. Y, después, en la hora de la despedida: “Sabemos perfectamente que no volveremos a vernos. Y si ocurre, seremos diferentes y no nos reconoceremos. Cambiarás de forma y de voz, los ojos de pez no, quizá te reconozca por ellos”. A esa atenta y permanente mirada a la realidad, espoleada por la remembranza, Erri De Luca le infunde resonancias poéticas, conquistando a miles y miles de lectores.
Por Adrián Sanmartín