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Un Banco de España independiente frente a una TVE dependiente

sábado 09 de junio de 2012, 00:51h
Miguel Ángel Fernández Ordóñez ha pronunciado su último discurso como gobernador del Banco de España entre las paredes de la institución y frente a la persona que le va a substituir en el cargo. El discurso dedica sus últimos cinco párrafos a explicar que nuestro país tiene una carencia de credibilidad, y que para recobrarla es esencial que los órganos reguladores, como el que él ha regentado en los últimos seis años, sean independientes. Sus razones son oportunas, pero firmadas por él resultan vacías, a tenor de su ejecutoria en este sexenio.

Precisamente por ello resulta especialmente relevante la elección de Luis María Linde para la regencia del Banco de España con el consenso de los dos grandes partidos y la crítica de ninguno de los que ocupan bancadas en el Congreso. Linde no tiene carnet político y su trayectoria le otorga un aval más que sobrado para ocupar un cargo tan relevante, especialmente en estos momentos, y técnicamente tan complejo, como este. El puesto de gobernador del Banco de España es para Linde un colofón a una carrera coherente y brillante, y ni su independencia de carácter ni su orgullo profesional le permitirían echarla por la borda por plegarse a presiones políticas. En este sentido recuerda la figura del profesor Luis Ángel Rojo, que no llegó a traicionarse a sí mismo y mantuvo su independencia.

Esta buena noticia habla de la capacidad de España de dar hombres y mujeres de gran valía, y de la capacidad de los partidos políticos de convenir acuerdos en conjunto positivos para todos. Pero contrasta con la decisión del Gobierno de imponer al nuevo presidente de RTVE sin el consenso de la oposición. Bien es cierto que los socialistas se sienten muy fuertes en esa casa, y no es la última razón, ni tampoco la única, el peso que tienen los sindicatos en la gestión diaria de la empresa. Pero también lo es que los socialistas abrieron la posibilidad de un consenso en esta casa y que el gobierno del Partido Popular ha optado por imponer su fuerza electoral para comenzar a tener algo de influencia sobre los contenidos de RTVE. La tentación es enorme. Pero no comenzaremos a hacer de la televisión pública un órgano con más sentido si no logramos minimizar la influencia de los políticos. Y eso pasa por tender acuerdos perdurables más allá de los cambios de gobierno. La razón es simple: ¿prefieren los partidos que cualquier gobierno de turno manipule el ente público a su antojo o se resignan a renunciar a ese juego alternativo, pero destructivo, y aceptan la neutralidad política de ese medio público?
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