Millones de ciudadanos vuelven a las urnas
Egipto concluye las presidenciales entre amenazas y miedos
domingo 17 de junio de 2012, 12:14h
La tensión ha subido a unos niveles inauditos en los últimos días anteriores a esta la llamada a las urnas que tienen dos protagonistas, el general Ahmed Shafiq y el islamista Mohamed Mursi. La tensión está motivas por de unos acontecimientos judiciales y políticos especiales que han desembocado en un golpe de Estado suave y constitucional, consecuencia de la disolución de la cámara baja del Parlamento, la inconstitucionalidad de la ley del aislamiento de y la emisión de una resolución que permite a la policía militar cacheos y detenciones de civiles y juzgarles ante tribules militares.
Una decisión, la del Tribunal Constitucional, que ha sido interpretada como el fracaso de las negociaciones secretas que han llevado los islamistas con el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Los militares deconfían de las intenciones de los Hermanos Musulmanes en caso de llegar al poder, y han optado por recuperar el control del Ejecutivo, disolviendo la Asamblea del Pueblo, la única institución democrática elegida en Egipto durante mas de medio siglo.
Son las primeras elecciones presidenciales desde el derrocamiento en 1952 del último rey de Egipto Faruq I, a manos del entonces joven militar Nasser. Sólo los viejos egipcios recuerdan al Rey de Egipto y de Sudán, Soberano de Nubia, Kordofán y Darfur, que sus coetáneos le apodaron “El ladrón de El Cairo” por su enfermiza cleptomanía. Faruk murió en un dorado exilio romano en 1965.
Desde que “los oficiales libres” dirigidos por el coronel Gamal Abdel Nasser llegaron al poder, en El Cairo sólo ha habido plebiscitos con una solo candidato y cifras de participación y victoria dignas de la época de Brezhnev, con mínimos del 90%. Las Elecciones presidenciales de hoy y mañana son por tanto tan duras como tensas.
El escenario tiene un ¨claro¨ caballo ganador, el general Shafik. Al menos es lo que él mismo ha declarado en su discurso del último día de campaña. Habló como virtual presidente y se permitió el lujo de flirtear con Estados Unidos, Occidente e Israel, cerrando así un trayecto claro al respecto antes y durante de la campaña. Ahmed Shafiq insistió en la importancia de la alianza de El Cairo con Washington y prometió no meterse en guerras fuera del contexto de los intereses de la seguridad nacional de Egipto. En otras palabras: no habrá conflictos bélicos con Israel. Shafik se presenta pues como seguidor de los pasos de su jefe directo el general Hosni Mubarak, tanto por su carrera de piloto militar como de haber sido el último primer ministro de Mubarak antes de su derrocamiento en febrero de 2011.
Pero frente al general continuista está el islmista Muhamad Mursi, catedrático de Universidad, candidato de los Hermanos Musulmanes y que ha sido respaldado hace dos días por los salafistas del partido An Nour. Mursi ha llevado un discurso tibio en medio de la opacidad que cubre la trayectoria de los islamistas desde que consiguieron el control de las dos cámaras del Parlamento, y ha tenido que hacer frente a una campaña de difamación e intimidación orquestada por los seguidores del antiguo régimen. Mursi sin embargo no ha podido calar en el pueblo que ya cree poco en los que venden un discurso religioso y reparten amenazas para cualquiera que salga del rail divino. Pese a tener el apoyo de la fuerza sociopolítica, más organizada del país, los Hermanos Musulmanes, sólo ¨se supone¨ que puede ganar.
En toda la región medio-oriental el egipcio es un pueblo conocido por su wasattiya, es decir equidad, equilibrio que rechaza el extremismo. Por lo que en definitiva el triunfo de Mursi parece altamente dudoso. Pero es que en caso de que lo consiga sería un presidente sin poderes, sin cooperación alguna por parte de los dos stablishments más importantes del país: la seguridad y el ejército. Un presidente islamista en Egipto se ahogaría económicamente por el posible boicot de las instituciones financieras internacionales, y aunque parezca contradictorio se encontraría con un bloqueo árabe. Arabia Saudí y los países del Consejo de Cooperación del Golfo apoyan al otro candidato, Ahmed Shafiq. En fin, nadie excluye la otra opción: en caso de situación de caos en el país, se produciría un verdadero golpe de Estado a manos del ejército; esta vez no blando, sino directo.
El general Shafiq habló ayer viernes, como nuevo Rais. Prometió convertir a Egipto en un país próspero: seguridad social universal, ayudas para el campo, empleo para los parados, aumento de salarios y conseguir inversiones extranjeras. Anteriormente había augurado conseguir la estabilidad y la seguridad para la perla del Nilo. Pero Mursi no se arredra. Los suyos han amenazado en caso de pucherazo, con salir todos a las calle: y son ocho millones con el carné de la cofradía de los Hermanos Musulmanes.
Se cual sea el resultado de las presidenciales Egipto entrará en una nueva etapa de convulsiones e inestabilidad. No ha tenido más que dos opciones: un candidato militar que reclama un Estado civil y otro islamista que anuncia un Estado confesional. Y entre ambos están los millones de jóvenes, los que hicieron estar la revolución del 25 de enero de 2011 de cuya decisión depende el futuro de Egipto.