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Crónica económica

Samarás formará un gobierno reformista en Grecia

lunes 18 de junio de 2012, 22:44h
Será un gobierno griego, lo cual en principio deja pocas opciones al optimismo. Y será un gobierno de coalición en un país donde no hay cultura de colaboración política. Es decir, que los dos partidos políticos, los rivales irreconciliables, están obligados a montar en moto sobre una tabla, y con el abismo a ambos lados de la misma. Según un conocido fenómeno físico, cuando la moto lleva una velocidad, tiende a mantenerse en equilibrio, pero si se para lo pierde, porque se encuentra en equilibrio inestable. De modo que el nuevo gobierno tiene que actuar según un plan (el plan ya lo tiene y se lo ha dado en mano la troika), y tiene que acelerar las reformas, porque si deja de hacerlo, como la moto, se desploma hacia la nada, hacia el caos.

¿Qué piensa Antonis Samarás? Por lo que se refiere a las reformas, es un político convencido. El discurso de Samarás se centra en el crecimiento. Y sabe muy bien que su economía está esclerotizada por la excesiva regulación, los impuestos altos pero inciertos e ineficientes, el gasto público desmedido y una burocracia especiosa y más fácil de corromper que de extender la margarina en una tostada. Samarás no sólo sabe que esas reformas son necesarias, sino que tiene ideas interesantes, como aligerar al Estado de funcionarios y entregar amplios ámbitos de los servicios públicos a la gestión privada.

Pero ese discurso del crecimiento tiene también otra veta que conocemos muy bien en España Según Samarás, reducir el gasto en pleno decrecimiento sólo ahonda esa situación de recesión. Y, al hacerlo, al contribuir a la merma de la producción, con un mismo paso (la reducción del gasto), nos acercamos y nos alejamos del objetivo, que es reducir la relación entre el endeudamiento y el PIB. Este discurso es el de François Hollande (el político más exitoso de toda Europa en estos momentos), y es el de Alfredo Pérez Rubalcaba (que ha cosechado uno de los fracasos más sonados de la política española).

De modo que reformas sí, pero recortes ya veremos. Sólo que Grecia no tiene margen para plantearse el ritmo ni de los recortes ni de las reformas. Ahora bien, lo que sí cabe hacer es hacer más livianas, más aún, las condiciones del préstamo que ha recibido Grecia. El primer rescate era un préstamo a siete años y a un tipo de interés del 4,2 por ciento. El segundo es a quince años (ampliable a 30 años) y a un tipo de interés del 3,5 por ciento. Y, dado que las emisiones del fondo de rescate tienen una emisión media del 0,18 por ciento, hay bastante margen para la mejora de las condiciones.

El problema es doble. No se puede mejorar las condiciones sin que resulte crecientemente cómodo estar en el lado de los rescatados. Y se puede acabar fomentando las intervenciones, pese a que tiene otros problemas. Y que ninguna mejora de las condiciones será suficiente si Samarás no es capaz de liderar un gobierno verdaderamente reformista.
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