mundo árabe
Egipto se debate entre la vida y la muerte
miércoles 20 de junio de 2012, 16:10h
El depuesto presidente Mubarak y sus allegados siguen haciendo teatro cada día desde que fuera detenido en abril del año pasado. Mubarak llegó anoche al hospital militar de Maadi en un estado crítico, con un paro cardiaco, una “muerte clínica”. Aunque ya nadie se fía de él ni de sus dolencias. El anuncio formal de su muerte sería otra crónica de una muerte anunciada varias veces. Pocos le llorarán en público dado el estado deplorable en que ha dejado el país en su mandato que duró tres décadas.
De cualquier manera en el país la confusión es total. ¿Sigue vivo el expresidente? Desde el martes por la tarde circulan en El Cairo las informaciones mas contradictorias. Porque aunque la agencia MENA le da por “muerto clínicamente”, otras fuentes médicas y militares hablan sólo de “coma”. No cabe duda de que el tema adquiere perfiles políticos para entretener a la opinión pública y desviar la atención del verdadero problema que supone el resultado electoral aun incierto.
Los islamistas llevan dos días anunciando y celebrando la victoria de Muhamad Mursi, una victoria aún no confirmada ni anunciada oficialmente puesto que los resultados formales se darán mañana jueves. Todo indica afición a unos juegos malabares, una guerra psicológica de poca calidad que está tensando el ambiente cada día más. Mursi quiere convencer al pueblo llano de un triunfo verde todavía, y posiblemente no lo va a conseguir. La misma táctica que le llevó el lunes a celebrar una rueda de prensa anunciando su triunfo; un acto irresponsable y de consecuencias arriesgadas para el país, estiman medios diplomáticos. Para ratificar lo que creen una victoria segura, los Hermanos Musulmanes han vuelto a manifestarse multitudinariamente en plaza Tahrir ayer.
El otro contrincante, el general Ahmad Shafiq, último primer ministro de Mubarak y candidato continuista celebra, aunque sea tímidamente, su victoria forzado por sus seguidores que acampan alrededor de su palacete en las afueras de El Cairo. No tiene fe en haber ganado, pero el retraso en anunciar los resultados hace todo sospechoso.
Todos estos festejos se celebran sin anunciar oficialmente los resultados de la segunda vuelta de las presidenciales, mientras el pueblo llano no sabe qué hacer en medio de esta situación creada por la ambigüedad del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que controla las riendas del poder desde la caída de Mubarak el 11 de febrero de 2011 ante las presión popular. El escenario no le faltaba leña para arder puesto que el CSFA se ha apoderado hace dos días del poder legislativo al disolver la Cámara Baja y emitir una nueva declaración constitucional que le auto-otorga poderes legislativos y ejecutivos hasta preparar la nueva Carta Magna. Todo se hace elástico, sin punto final para emprender el buen camino.
Armado con el bueno humor que le caracteriza entre los pueblos de la zona, el pueblo egipcio se relaja contando mil y un chistes sobre lo que está sucediendo. Una buena terapia, si no, estarían las calles regadas con más sangre derramada después de haberle quedado claro cómo le roban se revolución tanto los militares como los Hermanos Musulmanes; un secuestro que no empezó ahora sino al día siguiente, por no decir el anterior, de la caída de Mubarak. El país se acerca peligrosamente al modelo paquistaní; es decir, los poderes repartidos entre los militares y los islamistas con un panorama plagado de puntos convulsivos, inestabilidad y una injerencia norteamericana cada día más flagrante.
La cuestión que preocupa en las corrientes demócratas y liberales en todo el mundo árabe es la de saber si hay “una tercera vía”, si es posible salirse de la tenaza que representan militares e islamistas. Egipto es hoy por hoy un laboratorio en el que se dirime esta cuestión crucial: ¿cómo romper con el pasado dictatorial sin caer en el Estado fundamentalista religioso?