Enhorabuena a España, honor a Italia
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
lunes 02 de julio de 2012, 21:32h
No cabe duda, España mereció ganar. Jugó bien, tácticamente mantuvo el control del partido y mostró su superioridad durante los noventa minutos, mientras Italia pagó caro el cansancio y la mala suerte, como las lesiones de Chiellini y Motta -esta última obligó el equipo a jugar con 10 durante más de media hora. El sueño italiano se ha roto en el último momento y el despertar resulta doloroso. España ha jugado el “partido perfecto”, mientras los italianos parecían agotados, como si todo el cansancio de la competición hubiera caído de golpe sobre sus hombros; y a la vez, incapaces de reaccionar, embalados ante el adversario como un niño ante un payaso.
No cabe duda de que Italia resultó la sorpresa de la Eurocopa: abandonó el catenaccio, expresión que nos persigue cada vez que jugamos un partido internacional y que sirve para alimentar los estereotipos sobre el país como la mafia o la pizza. El catanaccio ha marcado, de forma peyorativa, el estilo de juego de los equipos italianos, aunque Cesare Prandelli ha conseguido cambiar la mentalidad de los futbolistas de la selección, completando una autentica revolución cultural para el calcio tras la debacle de hace dos años en el Mundial de Sudáfrica. Prandelli convenció a los jugadores de que nadie les impedía tocar la pelota, de que no había nada malo en atacar y de que la posesión del balón podía servir para construir una victoria. Empezó a dar prioridad al mediocampo: explicó a los jugadores que existía una zona entre los defensas y los delanteros que no tenía que ser sistemáticamente sobrepasada por balones largos. Comprendió que se trataba de asociar a los tradicionales valores que distinguen al fútbol italiano, como la grinta (la determinación), el espíritu de lucha y supervivencia y el hambre de ganar, nuevos valores como jugar el balón, apostar por la posesión y ser leales. En esta Eurocopa, Italia demostraba su deseo de pasar página, de abandonar un modelo que, aunque dio resultados en el pasado, hoy en día parecía anacrónico y desgastado. En Polonia y Ucrania, el equipo italiano se mostraba dispuesto a apostar por un proyecto interesante y novedoso para Italia: interesarse más por el balón que por defender. La apuesta consistía en salir del juego clásico de defensa y contraataque y, siguiendo el exitoso ejemplo de España, tener más posesión del balón y desarrollar un juego. En fin, se trataba de evolucionar del pasado: es importante ahora subrayar los progresos de Italia, sus avances y las buenas impresiones que ha dejado. Es importante sobre todo ahora, ante la posibilidad de que el resultado de la final pueda favorecer la insana tentación de volver al pasado, al viejo juego. Se trata de seguir por el camino empezado a sabiendas de que mucho queda por hacer. Pero por lo menos estamos en el camino correcto y debemos apostar más por los jóvenes, cambiar parte de la plantilla sustituyéndola por los nuevos talentos como Verratti, Destro, Santon, Immobile, y, sobre todo, Lorenzinho Insigne.
No cabe duda de que Italia ha perdido pero ha dejado buenas sensaciones y algunas cosas positivas que merece subrayar: la selección ha mostrado de tener un juego; los jugadores han luchado hasta el final mostrando valentía y amor patrio; el equipo nos ha regalado emociones y sensaciones fuertes; en parte nos ha reconciliado con el mundo del Calcio, ya que la camiseta azzurra nos ha hecho arrinconar los graves escándalos de las apuestas –sólo temporalmente, ya que no hay que olvidarlos. Y otra nota positiva: esta vez no estaba Berlusconi en el palco.
Concluye una experiencia positiva por muchos aspectos con un triste epílogo. La derrota es parte del juego, y, aunque dura y excesiva, puede servir como enseñanza: además si Xavi sigue a este nivel, con ese talento y capacidad de leer el partido, será difícil para cualquiera parar a España. Eso sí, como dice un sabio amigo, “no puedo ver llorar a Pirlo”.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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