PASO CAMBIADO
Rajoy debe nombrar un vicepresidente económico ya
viernes 06 de julio de 2012, 10:43h
Hacer una recomendación a un gobernante es justo la condición suficiente para que el tal gobernante no haga el mínimo caso. Pero, como es evidente que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tiene unas afamadas escamas impenetrables a la opinión publicada, es de suponer que sea del todo indiferente a cualquier columna de opinión, ni para lo bueno ni para lo malo. Por ello, me permito trasladar este análisis.
Desde la formación del Gobierno hasta hoy mismo, han sido numerosas las voces amigas, enemigas o mediopensionistas, que entendieron que era un error que Rajoy repartiera la política económica del Gobierno en dos carteras, la económica propiamente dicha para De Guindos, y la de Hacienda para Montoro. Y, sin duda, el presidente, además de hacer lo que le parecía conveniente, faltaría más, de acuerdo con su mandato ejecutivo, analizó bien el asunto, y tomó una decisión legítima.
En ese modelo, el propio presidente ejercería la coordinación de la política económica no solo a través del Consejo de Ministros, sino incluso presidiendo la Comisión Delegada para Asuntos Económicos. Es decir, se convertía en presidente y vicepresidente económico a la vez. Mientras tanto, su ministro de Economía, con contactos y control del inglés, vendería el proyecto y el experto y leal ministro de Hacienda se encargaría de embridar las cuentas internas.
Era una alternativa posible, y no exenta de racionalidad en el marco teórico. El problema es la práctica. Porque el presidente es una persona activa y capaz, pero como casi cualquier humano carece del don de la ubicuidad. Y, además, la credibilidad de sus ministros económicos se fragiliza puesto que el cuadro macro depende de las cuentas propias, y las cuentas del contexto europeo.
Parece comprobado que De Guindos y Montoro hacen, ahora sí, un buen equipo. Pero es difícil explicárselo a los que están fuera del Consejo de Ministros. Y mucho menos, a quienes están fuera de nuestras fronteras. Y es posible la coordinación vía teléfono móvil, sin duda, pero tal vez resulte más eficaz la instrucción personal y directa, la confianza decidida por alguien. Sobre todo, si se añade que al criterio de los ministros económicos paritarios se suma la opinión del propio presidente (lo que va de suyo) y la del asesor económico personal del presidente, lo que va menos de suyo.
Es decir, no tenemos un ministro de Economía, sino tres. O cuatro, si contamos a Rajoy. ¿Es este un modelo de futuro? Solo Rajoy tiene la palabra, insistamos que totalmente legítima, pero discutida dentro de su propio entorno, aunque las críticas jamás le llegarán como me llegan a mí, porque es difícil traspasar la muralla de miel que rodea a los gobernantes.
Coincide que después de oír con cada vez mayor intensidad estas reflexiones, este miércoles lo ha dicho Felipe González. Pues, del enemigo, el consejo. El expresidente socialista no tiene reparo en decir lo que en el PP se cuida mucho y con mucho reparo de recomendar a Rajoy. Hace falta tener un solo ministro de Economía (normalmente se le sitúa como vicepresidente, pero eso es lo de menos), y hace falta además hacerle caso.
Entiendo perfectamente que este planteamiento, a seis meses de la formación del Gobierno, puede parecer una rectificación difícil de asumir. Pero creo que es menos complicada que cambiar en la política sobre impuestos, sobre Sanidad, Educación o Función Pública.
En fin, basta con que se diga para que no se realice. Pero, lo pongamos como lo pongamos, el Gobierno necesita un interlocutor económico fuerte en un momento delicadísimo. Y el presidente del Gobierno no puede ser esa persona, porque él es la bala en la recámara que requiere España para mantener la posición ante el escenario bélico-económico que vivimos, donde necesitamos maquis y necesitamos a De Gaulle.
Rajoy ha mantenido el tipo muy razonablemente en las últimas semanas, pues sin cantar victoria hemos al menos llegado a los penaltis. Pero, como pasa tras toda carga victoriosa, la caballería se dispersa en el esfuerzo y debe reagruparse para el próximo envite. Él, es decir Rajoy, sabrá mejor que yo lo que tiene que hacer, pero una recomposición del Gobierno para darle el generalato económico a uno de sus hombres nunca ha erosionado la imagen de un comandante en jefe, sino más bien lo contrario.