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Monti, Rajoy y la prensa internacional

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 08 de julio de 2012, 21:42h
Tras la Cumbre de la Unión Europea, celebrada en Bruselas el pasado 28-29 de junio, el presidente del Gobierno de Italia, Mario Monti y el de España, Mariano Rajoy, han ido compartiendo protagonismo en la prensa mundial. No obstante, el tratamiento reservado a las dos figuras ha sido bastante diferente, tanto que en un artículo de opinión tendencioso y más bien excesivamente faccioso, publicado en un periódico español, se puede leer que “la prensa internacional es amable con Monti y extraordinariamente cruel con Rajoy”. ¿Es así? Y en caso afirmativo, ¿por qué?

No se trata de unas respuestas fáciles. En primer lugar, resulta diferente el tipo de relación con los medios de comunicación. Monti nunca se ha escondido de los medios, ha cuidado su imagen tanto a nivel nacional como internacional, mostrándose gran conocedor de la retorica y con una innata habilidad para llevarse a los periodista a su terreno. El actual mandatario italiano concede entrevistas tanto nacionales como internacionales, e incluso en alguna de ellas no ha dudado en responder de manera directa y sin rodeos, dirigiéndose, en una ocasión, a un presunto Sr. Müller. Monti aparece en la televisión para explicar sus medidas y, tal vez cínicamente, buscando justificaciones no siempre convincentes, hace lo posible por aclarar los puntos dolorosos de sus reformas. Al contrario, es bien sabido que Rajoy rehúye de las cámaras. El presidente de España parece más interesado en aparecer en un palco de Ucrania o en una Catedral española, empuñando un valioso Código robado por un electricista que en explicar los próximos recortes. Monti contesta abiertamente a los periodistas en las ruedas de prensa y explica los cambios que quiere realizar en la sociedad italiana a veces de forma didáctica, otras como si se tratara de un sermón y otras en tono de sabelotodo, mientras que Rajoy delega frecuentemente esta función en sus Ministros.

En segundo lugar, el mandatario italiano conoce perfectamente los mecanismos y el funcionamiento de la Unión Europea y utiliza estos conocimientos en interés del país. No tiene miedo a “encararse” a la Merkel y, como un jugador de póquer, recurre al bluff (farol), amenazando con su dimisión para imponer la aprobación de unas medidas particularmente dolorosas, y fuera del país, para conseguir un plan de futuro dentro de la UE. A pesar de estar en una posición más frágil e incómoda que Rajoy –no habiendo sido democráticamente elegido, ni contando con una mayoría dentro del Parlamento-, se muestra más fuerte y capaz de sacar partido de lo que en teoría sería su debilidad, amenazando y lanzando órdagos. Y si Monti no tiene el vínculo de un programa político que respetar, unas promesas que cumplir y por lo tanto actúa más libremente que Rajoy, el mandatario español tampoco parece preocuparse por sus promesas electorales, aplicando reformas y recortes mil veces negados en los meses y los mítines previos a su elección. Ambas actitudes, obviamente, pesan en la valoración de la opinión pública y de los medios.

En tercer lugar, la supuesta benevolencia de la prensa mundial podría interpretarse como un signo positivo de esa valoración. La imagen de Italia ha mejorado constantemente en los últimos meses, relegando al pasado la desvergüenza y desfachatez de los años de Berlusconi. Con Monti al frente, Italia parece estar recuperando su dignidad y la consideración internacional. En la cumbre de Bruselas, Monti devolvió a Italia su protagonismo, una primera plana internacional positiva no relacionada con el bunga bunga, sino con la idea de impulsar la economía europea. El tecnócrata fue el protagonista de la Cumbre, el actor principal; bloqueó su desarrollo, realizando una resistencia “más psicológica que política”, mostrando un repertorio de amenazas, faroles, chantajes, supuestas dimisiones…con el objetivo de aprobar medidas para el crecimiento, para establecer una hoja de ruta del futuro y unas respuestas urgentes en el presente. Y, terminado lo que algunos cronistas han definido “el show de Monti”, el primer Ministro italiano ha aparecido ante las cámaras, optimista y satisfecho, mientras Rajoy aparecía cansado e incapaz de ofrecer un mensaje esperanzador, más preocupado por confeccionar un mensaje destinado a “uso y consumo interno”. Tanto es así, que mientras Monti hablaba a los medios internacionales, interesado en que su mensaje alcanzará a mercados e inversores, tranquilizando e incentivando respectivamente, Rajoy se preocupaba tan sólo de atender a los medios nacionales, de aparecer en la foto. Y, mientras Monti subrayaba su esfuerzo “para evitar un lunes negro”, Rajoy se preocupaba de cómo recibir a los futbolistas de la roja. Y mientras la prensa española intentaba desesperadamente describir el acuerdo de la UE como una victoria de Rajoy, los periódicos de medio mundo halagaban el eje Monti-Hollande, celebraban “Monti's victory” y auguraban un nuevo futuro para la UE guiada por Italia y Francia, sin que España fuese mencionada en los titulares.

Aún así, Italia y España deben sumar sus fuerzas, se necesitan mutuamente ya que “juntos se lucha mejor”: una alianza entre Italia y España puede beneficiar a ambos ayudándoles a salir de esta crítica situación. Para los dos países, la “victoria” de la cumbre no debe ser pírrica: queda aún mucho camino por recorrer.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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