México vive en la incertidumbre poselectoral
sábado 28 de julio de 2012, 01:40h
Aparentemente el país azteca está en calma, pero una tensa calma, porque el candidato ganador Enrique Peña aun no es declarado presidente electo.
La izquierda no le reconoce el triunfo al encontrar diversas irregularidades. El gobernante Partido Acción Nacional está tan desunido que la presidencia del PAN argumenta que el PRI no ganó limpiamente, por otra parte, Felipe Calderón, Presidente de México y panista de toda la vida ya recibió a Peña en la residencia oficial de Los Pinos para hablar de una transición del poder ordenada.
Hay una sombra de lavado de dinero que se cierne sobre el PRI y si bien es claro que este partido se sobrepasó en el gasto electoral autorizado, aún no hay pruebas de que dinero sucio haya entrado en el torrente circulatorio priista para la campaña presidencial. ¿Qué pasará si se comprueba que la campaña de Peña estuvo financiada por el narcotráfico mexicano?
La culpa de las deficiencias de la ley electoral es sólo culpa del Congreso y no del Instituto Federal Electoral y tampoco del Tribunal Electoral que revisa las impugnaciones de los partidos de izquierda coaligados. El error es sólo de los legisladores que hoy se quejan de la ley que ellos mismos hicieron y aprobaron.
El camino al 1 de diciembre, fecha de toma de posesión del poder presidencial, es aún largo. Por lo pronto los nuevos legisladores asumirán sus funciones el próximo 1 de septiembre, tres meses antes.
México está en la incertidumbre poselectoral, pero esto es mejor que vivir en la dictadura perfecta para utilizar el término del gran escritor peruano Mario Vargas Llosa, que la acuñó en 1990, cuando el PRI era un partido hegemónico y autoritario.