Naciones Unidas debe rectificar su estrategia en Siria
lunes 06 de agosto de 2012, 08:47h
La renuncia de Kofi Annan como enviado especial de la ONU y la Liga Árabe para dar una salida diplomática a la brutal carnicería desencadenada por Bashar Al Assad en Siria no supone sólo otro fracaso de este mediador internacional, sino que representa también un duro revés –otro más- al crédito de Naciones Unidas para reconducir crisis tan sangrientas como la que sufre el pueblo sirio. Este desenlace es la consecuencia lógica de los errores del Consejo de Seguridad de la ONU al elegir a su mediador y aprobar un plan desprovisto de realismo.
En España ya tuvimos una prueba palpable de la desinformación de Kofi Annan cuando el año pasado desembarcó en San Sebastián como plato fuerte de una “Conferencia de Paz” donde el terrorismo de ETA era abordado como “la última confrontación armada de Europa”. Cuando Kofi Annan firmaba una declaración tan desnortada como ésta, su descrédito ya venía marcado por su inhibición en el genocidio étnico de Ruanda estando al frente de la ONU y por las acusaciones de corrupción durante su mandato en Naciones Unidas.
Errores de bulto como éstos, se han repetido de nuevo en el plan Annan para Siria respaldado por el Consejo de Seguridad. Su actuación se ha encaminado durante los últimos seis meses a negociar con Bashar Al Assad, cerrando los ojos a la naturaleza inflexiblemente criminal de su régimen. Assad aprovechó el comodín que le ofrecía Annan para fingir un proceso político que lo legitimase y le diese un respiro para reordenar sus fuerzas y recibir todo el apoyo material que necesitaba de Rusia y China. Conseguidos estos fines, Al Assad ha abandonado su impostura táctica, para lanzar una brutal contraofensiva inflexible ante el sufrimiento y la sangre de la población civil. Los procedimientos en la batalla de Alepo ahora en curso reflejan la barbarie asesina que se ocultaba tras su simulación de diálogo.
Naciones Unidas sabe de sobra –y el plan de Kofi Annan lo debía haber previsto – que el régimen de Damasco no dejará de golpear inclementemente a su propia población mientras cuente con el doble respaldo de China, y, más aún, de la Rusia de Vladímir Putin. Acabamos de conocer que el Kremlin ha inyectado una ayuda complementaria al régimen sirio suministrándole gas y diesel, así como un apoyo financiero que contrarreste todas las sanciones occidentales a Damasco, además de mantener su respaldo diplomático y militar.
En tanto esta sea la determinación rusa, las sanciones europeas y norteamericanas no harán mella en los propósitos de Bashar Al Assad, que sólo es vulnerable a una presión rusa o china. Si Naciones Unidas no quiere que la vía diplomática llegue a su fin, aumentando todavía más el terror en Siria durante un incalculable periodo de tiempo, no debe únicamente sustituir a Annan, sino reemplazar su estrategia reorientándola hacia una negociación con China y, especialmente, con Rusia. Sólo a través de un acuerdo con esta potencia podría abrirse un auténtico compás de negociación en Siria, amparada por instituciones internacionales. Fuera de esta vía, sólo cabe aguardar que la masacre y el odio sigan su imparable escalada bajo la batuta de Bashar Al Assad.