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De crisis y adicciones

martes 28 de agosto de 2012, 02:37h
El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, ha advertido del riesgo que conlleva la compra de deuda soberana a países con problemas económicos -como Italia o España-, por parte del Banco Central Europeo (BCE), pues esa medida podría crear “adicción como una droga”, añadiendo que para él una política de estas características no se diferencia mucho de la financiación estatal mediante la máquina de imprimir dinero.

Las palabras de Jens Weidmann, apoyadas por la canciller alemana Angela Merkel, se apoyan en una comparación cuando menos desafortunada, además de dar muestras de una absoluta rigidez en su postura para impedir, parece que a toda costa, que el BCE compre bonos de los países en dificultades –como Mario Draghi, gobernador del BCE ha insinuado en varias ocasiones-, con lo que disminuiría la tensión de los mercados. Pero, más allá de lo impropio de su expresión, las declaraciones del presidente del Bundesbank ponen de relieve algo de enorme importancia en los más que delicados momentos que vivimos.

Con demasiada frecuencia se está asistiendo a un sinnúmero de declaraciones y recomendaciones a cargo de responsables políticos y económicos directamente implicados en la resolución de la crisis de la zona euro que muchas veces son contradictorias, cuando no directamente opuestas, incluso pronunciadas por la misma persona. De esta forma, a apreciaciones de que se trabajara incansablemente por salvar el euro, se suceden otras que no van precisamente en esa dirección. Todo ello está produciendo unos peligrosos cruces y una indeseable confusión en lo que parece que más que buscar soluciones, hay una “adicción” a la cacofonía, impropia de quienes prácticamente tienen en sus manos el futuro de millones de personas. Nunca hay que olvidar que la crisis no es un conjunto de frías cifras, sino el drama cotidiano de millones de seres humanos.

Los dirigentes deben ser muy cuidadosos en sus declaraciones y tampoco estaría de más que hablasen menos e hicieran más, y con mayor prontitud, pues la situación resulta de extrema gravedad y no hay tiempo que perder. Europa no precisa de cacofonías ni de comparaciones extemporáneas, que sólo siembran desconfianza en los mercados respecto a la viabilidad del euro, sino de contundencia y firmeza conjuntas para salir de la crisis.
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