Guadarrama, ¿pueden coexistir cielo e infierno?
miércoles 19 de septiembre de 2012, 19:44h
La tranquila localidad serrana de Guadarrama vive desde hace unos días en boca de mucha gente. No es está por la calidad del aire que se respira o por la vuelta a la normalidad, una vez que los turistas madrileños han regresado a la capital finalizadas las vacaciones. Ni siquiera lo está por algún tipo de suceso actual. Lo que ha provocado que Guadarrama centré la atención informativa de diversos medios viene de antiguo. De lejos. Aunque no tanto como para que haya que recurrir a archivos o historiadores: testigos, parece haber a montones. Lo malo es que no se ponen de acuerdo y, a causa del enfrentamiento, aparte de la mala imagen que según sus habitantes se está dando del pueblo, ahora ha vuelto a tirarse de rencillas de antaño para tratar de vengar particulares pleitos pendientes. Y todo esto, a cuenta del preventorio infantil que estuvo en funcionamiento en el pueblo desde 1945 a 1975.
Siguen creciendo los testimonios de personas, en su inmensa mayoría mujeres, que pasaron por aquel edificio de piedra y pizarra que nunca olvidaron. O quizá que, movidos por las recientes noticias, han vuelto a recordar. Vídeos de Youtube o páginas en redes sociales han servido para unir en el recuerdo a quienes, de niños, pasaron por allí. Y, además, no lo pasaron bien. La experiencia de quienes empezaron a abrir esta presunta caja de Pandora corresponde a aquellos que afirman haber sufrido vejaciones entre las paredes de aquel recinto que califican de maldito. Y lo que cuentan es, desde luego, espeluznante. Hablan de frío, de soledad, de quemaduras infligidas por medio de velas, de comida plagada de bichos. En definitiva, de presuntos malos tratos. Contra esos niños, ahora adultos, a quienes lo primero que se pregunta es por qué han tardado tanto, décadas de democracia, en contar los hechos que aseguran que les marcaron para siempre. Es, guste o no, una pregunta con lógica.
Sobre todo, porque, en este caso, las presuntas culpables del alegado maltrato no han querido esconderse. Ni sus rostros ni sus nombres. Son mujeres que trabajaron en aquel preventorio de tuberculosis y otras enfermedades contagiosas, algunas de ellas vecinas de la localidad, y no han tardado en utilizar la misma vía de la que se han servido las presuntas víctimas – la televisión – para gritar a los cuatro vientos que eso que se está contando es absolutamente mentira. Llama la atención, además, su vehemencia, su convencimiento de que, en aquel lugar, ellas y sus compañeras se dedicaron siempre a cuidar de las niñas, no a martirizarlas de la forma cruel que dicen quienes se oponen a ellas. ¿Pueden coexistir cielo e infierno? El hecho de que también hayan empezado a brotar testimonios de otras niñas que pasaron por allí, asegurando que jamás fueron maltratadas ni vieron a ningún otro niño que lo fuera, ha provocado que la “guerra” se recrudezca por momentos. Las víctimas achacan a las negacionistas falta de solidaridad o, simplemente, ignorancia. Las acusan de privilegiadas, de haber recibido un trato de favor en aquel lugar elevado al que habían llegado para que su dolencia se viese beneficiada no sólo por los cuidados médicos, sino también por el aire puro.
En este mes de septiembre, en el que la ira se está contagiando como gripe de enero, con el mundo dividido en iracundas muestras de lo poco que nos queremos los humanos y lo aún menos que hace falta para que nos prendamos fuego a diestro y siniestro, el enfrentamiento que ha surgido con el preventorio infantil de la normalmente plácida Guadarrama parece sólo una prueba más de que las cosa malas, los rencores y la necesidad de justicia o de venganza no muere nunca. Podrán pasar muchos años, siglos incluso, pero, al final, si de verdad hay cuentas pendientes, estas acabarán saldadas. Por eso, excusa o razón aparte, manifestaciones tan distintas y encontradas no tendrán más remedio que saltar de las audiencias televisivas a las de los tribunales. Allí es donde, en todo caso, deberían estar.
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Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
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