Crónica económica
2013, el año en que tocamos suelo
viernes 05 de octubre de 2012, 21:09h
España llegó a tener un déficit exterior superior al 10 por ciento del PIB. Eso fue en el año 2008. Ese déficit exterior quería decir que nos prestaron, aquél año, un 10 por ciento de lo que producíamos. Ningún otro país nos superaba en voracidad por llevarnos ahorros del exterior, en relación con nuestro tamaño. Y sólo los Estados Unidos recibía, en cantidad, un montante mayor de préstamos foráneos que el nuestro. Recibir préstamos no es necesariamente presagio de que algo va mal. Aunque habitualmente sí lo es. La cuestión es el destino que se da a esos fondos.
Nosotros lo destinamos, en una parte muy importante, al consumo, al gasto público (que es consumo en su mayor parte), y en inversiones. De éstas, una parte al mercado inmobiliario, con el resultado que conocemos. Algunas empresas españolas, bien gestionadas, volcaron ese ahorro extranjero a financiar la adquisición de empresas también extranjeras sobre las que recaía el buen hacer de sus gestores. Pero mucho de ese ahorro de fuera lo dedicamos a tener un nivel de vida que no nos correspondía.
Ese camino, claro está, tiene un final. Los de fuera dejan de creer en nosotros. Las deudas adquiridas hay que empezar a pagarlas. Y como hemos optado por el consumo más que por hacernos más productivos, hacer frente a ellas es doloroso. Pasa por consumir menos, mucho menos. ¿Cómo se hace ese ajuste?
En España ha pasado lo siguiente. Familias y empresas, que se habían endeudado mucho, llevan un tiempo reduciendo su endeudamiento. Hemos comenzado a pagar al exterior entregándoles más bienes que los que recibimos. Para eso, las empresas se tenían que hacer más competitivas. Y, para eso, los trabajadores se tenían que hacer más competitivos: mejorar la relación entre lo que producían y lo que ganaban. Nosotros hemos blindado las remuneraciones, pero hemos mejorado esa productividad echando a cuatro millones de españoles al desempleo (que se suman a los que ya lo estaban). Quizás no haya sido una opción muy inteligente, pero es la nuestra. Por otro lado, nuestro consumo ha caído, de ahí que el ajuste también se haga en las importaciones. Por eso el sector exterior hace una contribución positiva al crecimiento, mientras la demanda interna drena producción.
El secretario de Estado de Economía, en el Congreso, ha vuelto a defender este viernes las previsiones macroeconómicas del Gobierno. Prevé un saldo exterior para la economía, en 2013, positivo, del entorno del 0,6 por ciento del PIB. El Banco de España cree que será del 0,5 por ciento. En julio, ese saldo fue ya positivo. Tal como ha recordado este viernes Jiménez Latorre en su comparecencia en la Comisión de Presupuestos, el superávit exterior es un indicador adelantado de la recuperación.
Lo que no ha comentado el secretario de Estado es que en las otras ocasiones en que hemos alcanzado esa situación antes habíamos hecho una devaluación de la moneda. En este caso, el ajuste ha sido real sin necesidad (o posibilidad) de que devaluemos la moneda. Lo cual quiere decir que este ajuste es mejor, más profundo, que los anteriores. Todo ello me lleva a pensar que 2013 tocaremos fondo. No quiere decir que saldremos del pozo, sino que dejaremos de caer. Y la salida va a llevar tiempo, previsiblemente. Pero será ya salida.