De visita por Madrid
viernes 26 de octubre de 2012, 20:24h
Hace poco más de una semana pasé unos días en Madrid después de un año de no estar ahí. Ver a los amigos me hacía ilusión, pero también me preocupaba la situación en que los encontraría después de leer las noticias tan graves sobre la situación por la que pasa España. Los taxistas y otras personas con las que hablé me pintaron el panorama para el ciudadano común, de la subida del transporte, de los servicios, del cierre de las tiendas de toda la vida. Al llegar a mi antiguo barrio pude comprobar algunas cosas que me habían dicho: la lavandería que tenía una pareja mayor ya no está, ni algunos bares o tiendas de alimentación. Sin embargo en su lugar aparecieron tiendas de ropa y zapatos manejadas por chinos, hostales, nuevos bares y restaurantes. Eso no lo esperaba.
Imaginaba una ciudad triste y gris, con cientos de comercios cerrados, pero no fue así. Al charlar con la gente y los amigos me expresaron su rabia y preocupación, sus estrategias para reducir gastos como llevar comida de casa al trabajo para no gastar en menús, caminar más en vez de utilizar el transporte para distancias cortas, aprovechar el abono del metro, y varias más. Pero también vi en varios de mis amigos y conocidos algo que me dio esperanza. Encontré un empuje e iniciativa que parecía latente, proyectos que antes eran parte de las conversaciones del café, pero que no se materializaban.
Amigos que eran camareros en bares dejaron su trabajo, se juntaron con otros y montaron su propio bar, remodelado casi en su totalidad por ellos mismos y ofreciendo algo diferente a otros lugares. Otra amiga decidió utilizar su maravilloso talento para las manualidades, para crear figuras tejidas y bolsos que cualquier boutique del Soho neoyorquino querría tener en sus aparadores. Algunos otros artistas dejaron de tomar cursos caros que no llevaban a mucho y dedicarse a hacer audiciones en serio, a ensayar para alguna obra o elaborar proyectos de teatro para presentar en concursos. Fueron pocos los que vi furiosos sin saber qué hacer o sintiéndose víctimas de la vida y del gobierno sin hacer nada por cambiar su vida, simplemente dejándose llevar paulatinamente al fondo del pozo que han vislumbrado.
No minimizo en absoluto la crisis que padece el país; es grave y no parece tener un final cercano o medianamente visible. Sin embargo me alegró ver esa fuerza y creatividad, las ganas de salir adelante a pesar de todo. de la mayoría de mis amigos. Ese corazón que la gente en España tiene pero que parecía adormecido se expresa de nuevo. Quizá esto contribuya a encontrar maneras de solucionar la situación, de encontrar cambios en beneficio de todos, de encontrar una pequeña luz.
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Interna- cionalista
HEBE CUE es investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset y experta en Relaciones Internacionales
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