El agua, la arquitectura y la vegetación que poblaron los jardines que inspiraron a Sorolla conforman una temática indudablemente vinculada al artista valenciano. La experimentación derivada de dibujar estos espacios naturales le permitió ahondar en las posibilidades de la luz y del color. Una exposición en el Museo Sorolla de Madrid reúne algunos de los óleos creados por el artista a partir de la contemplación del jardín de su propia casa, así como la de las fuentes y patios del Alcázar de Sevilla, del Generalife y de la Alhambra de Granada.
Dentro de la abundante obra de
Joaquín Sorolla, los óleos que pintó inspirado por los jardines que contempló y de los que disfrutó, el de su propia casa en Madrid o los del Alcázar de Sevilla, del Generalife y de la Alhambra de Granada, le sirvieron para experimentar sobre las posibilidades de la luz y del color aplicadas a la vegetación propia de estos entornos, así como a otros elementos como el agua, las fuentes o la arquitectura.
Con intención de rememorar aquel vínculo tan íntimo y afectivo entre el artista y los jardines, el
Museo Sorolla acaba de inaugurar una exposición titulada
Sorolla. Jardines de luz en la que propone, a través de 56 óleos y fotografías, cartas y dibujos, un acercamiento a la visión del artista sobre estos entornos, que tanta huella dejaron en su obra.
En el primero de los espacios en los que está dividida la
exposición, el visitante se topará con óleos que remiten al jardín islámico en Granada, donde gozó de gran aceptación por parte de la cultura musulmana, muy gustosa de aunar vegetación, agua y poder en las instalaciones que erigieron en el sur de España.
Las fuentes y patios del
Alcázar de Sevilla, del Generalife y de la Alhambra de
Granada centran su mirada dando ya cuenta de su intento por experimentar con la iluminación sobre fachadas, suelos o elementos arquitectónicos.
Tanto en los parajes andaluces como en los jardines que él mismo diseñó para decorar su casa de Madrid se vislumbra un manejo fabuloso de la representación arquitectónica, así como de la diversidad de
perspectivas, lo que otorga un componente añadido de dificultad a sus creaciones que, pese a compartir una esencia común, difieren unas de otras en pequeños detalles imperceptibles para nosotros, pero a buen seguro trascendentales para el buen devenir de la obra del artista.
Cabe destacar la importancia de que dibujara con insistencia su propio
jardín, dado que fue en su casa de Madrid donde gozó de una tranquilidad merecida junto a su familia y a su amada Clotilde. El factor emotivo y afectivo derivado de estas creaciones resulta fundamental para percibir la intensidad con la que creó estas pinturas, a través de las que transmitió una imagen idealista de un escenario bello en sí mismo.
Son varias las obras en las que dibujo los patios y jardines de su casa teniendo muchas de ellas el mismo nombre. Si algo cambia en unas y otras es la perspectiva elegida por Sorolla o el protagonismo dado a uno u otro elemento, ya fuera una fuente, una flor específica (como el rosal amarillo que preside la entrada de la casa) o una columna.

El hecho de que se tratara de representar un espacio tan rico en
cromatismo como un jardín le permitió experimentar con el color, lo mismo que con la
luz debido a su localización exterior. Es por esta circunstancia por la que merece especial atención atender a los reflejos del sol sobre la fachada, la vegetación, el suelo o las columnas y arcos que decoran el lugar.
Información sobre la exposición:Lugar: Museo Sorolla.
Fechas: del 30 de octubre al 5 de mayo.
Horarios: de martes a sábado de de 9:30 a 20:00 horas / domingo y festivos de 10:00 a 15:00 horas / cerrado todos los lunes.
Entrada: 3 euros.