Sólo por el dinero
José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
miércoles 31 de octubre de 2012, 20:30h
Me entristece cada vez que en medio de esta algarada de protestas y reivindicaciones veo de forma inconfundible al vil metal como principal fuerza movilizadora. Desanima ver un incremento exponencial del descontento cuando se les quita la paga extra al funcionariado, sube el IVA o el IRPF, o aumentan las tarifas y precios en general. Me inquieta ver a los manifestantes portando carteles en los que se lee “violencia es cobrar 600 Euros”. Salvando los trágicos casos en los que efectivamente familias enteras se encuentran viviendo al límite, he de entender entonces que eso que llaman crisis es una mera amenaza hacia nuestro nivel de vida. He de suponer que en el teatro de la política, cuando se “trabaja” para volver a la senda del crecimiento se está luchando por una estúpida ilusión, que es el retorno a una sociedad del consumo ascendente cuyo principal indicador del bienestar sea el PIB o la renta per cápita.
Así, el mensaje de la población descontenta suena más bien a “quizás mi vida era una mierda, pero era mi vida”. Si nos quitan el trabajo y el consumo no nos queda nada. Entiendo, por consiguiente, que con un sueldo decente y una casa –aunque nos cueste 20 años de hipoteca– todo lo demás da igual. No importa que nuestra comida sea una basura, que nuestro entorno esté continuamente amenazado, que pasemos entre ocho y doce horas delante de un ordenador para recibir el esperado salario, que la meta de una persona sea tener el teléfono móvil más moderno, o que el país esté plagado de una red de dispositivos que se encuentran las 24 horas al día al servicio de la idiotización y la desinformación. Todo eso no importa mientras tengamos dinero para pagar los gastos de cada día y algo más para un capricho de vez en cuando. No importa de dónde vienen ni a dónde van esos gastos. ¡Hundámonos en la miseria si tan sólo aspiramos a ser miserables!
Por otro lado soy consciente de que en el furor de estas nuevas luchas queda lugar para una semilla a la que ya he visto intentar abrirse paso. En la llamada a democratizar nuestra sociedad muchas personas exigen no sólo un nivel de vida, sino también una calidad de vida. Muchas otras se ven expuestas, por tanto, a dicho mensaje, a nuevas alternativas, a preguntas nunca antes formuladas, a verdades desconocidas.
Puestos a contar mentiras contémoslas todas. No sólo que las compañías de la luz nos estafan, también de dónde sacan la electricidad para ello, y ya puestos, aprendamos cómo nos incitan a consumir más energía de la realmente necesaria. No sólo que los bancos abusan de sus clientes, seamos conscientes también de qué clase de obscenos proyectos financian, o de que la vivienda es un derecho, una necesidad básica y que la sucia manera en que se ha convertido en un negocio debería ser castigada. No sólo debemos exigir un empleo bien remunerado, hemos de ser conscientes de que en su gran mayoría no sólo no producen nada, sino que contribuyen a la infelicidad y el hastío propio y ajeno.
El único lema que aceptaré a la hora de reivindicar: Lo queremos todo y lo queremos ahora.