www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El arte de la eficaz discreción

David Ortega Gutiérrez
martes 06 de noviembre de 2012, 20:03h
En el tiempo en que vivimos donde la exageración y el llamar la atención, casi a cualquier precio y sin mucho que ofrecer, se ha convertido en habitual moneda de curso, merece la pena reflexionar brevemente sobre las enormes ventajas que para la vida social y pública, tiene el recuperar el eficaz arte de la discreción de lo realmente válido. Tomaremos por base un interesante opúsculo que -el no suficientemente valorado- don Baltasar Gracián, escribió en 1646 dedicado al príncipe Baltasar Carlos, en un estilo parecido, aunque sólo parecido, al Cortesano de Castiglione. Un año después publicaría Gracián su obra más ilustre e influyente, el Oráculo manual y Arte de la prudencia. No olvidemos que Gracián fue posiblemente nuestro escritor más conocido y admirado en la Europa de su tiempo. Traducido al francés, inglés, italiano y alemán, fue muy leído por Voltaire, Goethe, La Rochefoucauld, La Bruyère, entre otros. Incluso un autor de la talla de Schopenhauer, que tradujo al alemán el Oráculo manual, afirmó justo hace 180 años: “Mi escritor favorito es Gracián. He leído todas sus obras. Su Criticón es para mí uno de los mejores libros del mundo”.

Son varias las ideas que merecen la pena destacarse y que hoy, casi cuatro siglos después, nos pueden seguir siendo de gran utilidad. En primer lugar apuntaría la audacia discreta, que Gracián define como la “cuerda intrepidez”. Se podría relacionar con algo que nos falta en nuestra época, demasiado gustosa de ir conforme al correr del tiempo marcado por no se sabe quién, pero siempre relacionado con el consumo. Precisamos en la actualidad de cierta grandeza de espíritu, que no consiste en el ruido del carro vacio, sino en el silencio del que está lleno. Gracián lo define con brillantez: “En la alteza del espíritu y en los altos pensamientos consiste la grandeza. No hay hidalguía como la del corazón”.

Otra cuestión interesante, por manida que haya sido, es la importancia de saber elegir. En esto no es suficiente ni el estudio, ni el ingenio. Conviene evitar la pasión en materia de elección y, por la contra, practicar el difícil arte de escuchar, especialmente de quién realmente tenga algo interesante que decir o que hacer. Así, Gracián nos apunta: “búsquelo en el consejo o en el ejemplo, que se ha de saber o se ha de oír a los que saben, para acertar”. Escuchar y aprender, especialmente de aquellas personas que tienen algo valioso que enseñar, son la clave de la vida, para luego poder elegir con criterio. En materia de elección Gracián destaca la relevancia de elegir bien a los amigos.

Apunta también el peso de la templanza, muy cercana y pareja a la discreción. La templanza evita la precipitación y parte del conocimiento del momento preciso en relación con el porvenir. Supone la acción y la inacción según proceda, pues en no pocas ocasiones se actúa cuando lo sensato es la quietud. La templanza huye del atrevimiento como del desanimo, no se pierde en la victoria, ni sucumbe en la adversidad.

Por último, llama Gracián la atención sobre la variedad y la pluralidad en los quehaceres, que ayudan al crecimiento de las personas, una sana ambición que nos permite superar nuestras autolimitaciones: “nace esta universalidad de voluntad y de entendimiento, de un espíritu capaz, con ambiciones de infinito”. Hace falta por tanto cierta capacidad de partida, pero siendo ésta necesaria, no es suficiente. Debe acompañarse de un espíritu de superación mantenido, perseverante, de un cierto empuje por crecer y progresar, además de una adecuada comprensión de las posibilidades de cada uno. La eficaz discreción de Gracián, cuatro siglos después, nos sigue siendo inmensamente útil para nuestra desorientada vida pública y social.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios