Un año después
Cristobal Villalobos Salas
lunes 19 de noviembre de 2012, 20:44h
Confirmo hoy la alternativa en este diario tras justo un año de columnista en sus páginas. Parece una burla del destino, siempre tan trágico y tan cruel, que las circunstancias me hayan obligado a reestrenar columna justo cuando se cumple un año de que Mariano Rajoy ganara, tras un par de intentos, las elecciones. Entonces, mi primer artículo en este medio, publicado ese domingo de elecciones, iba dedicado a la figura de los intelectuales y, especialmente, a Ortega y su Delenda est Monarchia.
La columna, titulada Delenda est Hispania, defendía que nuestra nación debía ser destruida para, con posterioridad, ser reconstruida de forma más razonable y con una configuración política y administrativa acorde con el siglo XXI. Pedía así que con el nuevo Gobierno, y su mayoría absoluta que todo lo puede, se reconfigurase toda la estructura de nuestro Estado con el fin de iniciar la recuperación, tanto económica como moral, de nuestro país y empezar, de esta manera, una nueva etapa de nuestra Historia.
Concluía el dichoso artículo rememorando la exclamación orteguiana con la que el genial pensador reclamaba, en sus tiempos, un cambio de régimen: "¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!" Con Rajoy se abría la posibilidad del cambio, de la reforma, aunque la derecha nunca fue muy fan de las novedades. Por algo les llaman conservadores.
Pero el inicio de la legislatura conllevó unas primeras reformas. Recuerdo unas semanas en las que se esperaba con nerviosismo el viernes para saber qué iba a cambiar el Consejo de Ministros. Se hacían pequeñas mejoras, lógicas y necesarias, pero siempre quedaban los grandes cambios para la semana siguiente. Estarán preparando tal o cual ley. Nos decíamos.
Pero ha pasado ya un año y los viernes se convirtieron en un día trágico, en el que se recortaban una y otra vez más nuestros derechos o bien se nos imponían nuevas cargas y nuevos deberes. La fiebre reformadora se quedó en la más absoluta nada, seguimos viviendo en la misma España desestructurada o invertebrada de siempre. Los nacionalismos siguen haciendo su agosto mientras la soberanía nacional recae en los mercados y las grandes capitales europeas.
Mientras, el Gobierno permanece alicaído, más centrado en esquivar algunos golpes que en liderar la patera del Estado. España necesita un golpe de timón, un puñetazo en la mesa, alguna acción audaz que nos marque el rumbo hacia el futuro.