El Gobierno ha vuelto a incumplir otra promesa. Es algo tan habitual que ya todo el mundo sabe que el PP es ese partido de cuya palabra no podemos fiarnos. Ha decidido no actualizar las pensiones con el IPC, con excepción de las más bajas. Esta idea ya había sido sugerida por un profesor aquí en España.
El Gobierno iba a mantener las pensiones. Lo ha dicho por activa y por pasiva. Por perifrástica también. Últimamente sobre todo por perifrástica, ya que sugería que iba a actualizar las pensiones según el IPC sin llegar a decirlo. Un caso conspicuo es el de Tomás Burgos, secretario de Estado de Seguridad Social. Ha estado diciendo a preguntas de los periodistas que el Gobierno cumpliría la ley, haciendo ver que actualizaría las pensiones con el IPC. Finalmente no lo ha hecho. Pero no se puede decir que sea una decisión ilegal. Ha cumplido la ley. Mentir tampoco va contra la ley, sólo contra la moral.
El propio Tomás Burgos ha explicado admirablemente bien las razones por las que el Gobierno ha hecho lo contrario de lo que él había dicho, también con total claridad: “La compensación implica disponer de un margen que no tenemos, significa un sobre coste cercano a los 4.000 millones de los que el sistema no dispone”. Nunca dispuso de ese margen. Hubiera sido una decisión suicida. Entonces, ¿por qué no lo explicaron desde el comienzo? No obstante,
ya decíamos el 27 de septiembre que el Gobierno no se comprometía a subir las pensiones.
El problema con el sistema de pensiones no es la crisis. No es coyuntural. Es que consiste en repartir entre los jubilados la renta de los trabajadores. Y cada vez los jubilados son más y viven más años. Y los trabajadores ya pagan más de un tercio de su renta. Como el numerador no puede crecer y el denominador lo hace año a año, siempre que se habla de reformar las pensiones para hacerlas sostenibles, siempre, consiste en rebajarlas. El Gobierno lo ha hecho congelando las que superen los mil euros.
Esta solución había sido adelantada en España por un experto en pensiones. Se trata de Nicholas Barr, profesor de economía pública de la London School of Economics. Recientemente visitó España para presentar el libro que escribió junto con Peter Diamond, titulado
La reforma necesaria. El futuro de las pensiones. Está editado por El Hombre del Tres, un sello que está sacando en español títulos de gran calidad que son a la vez de plena actualidad.
Los periodistas le preguntamos a Barr, cuando presentó el libro, qué debería hacer el Gobierno ante la perspectiva de que la actualización de las pensiones no cuadraría con su compromiso de reducir el déficit. Barr, con ese tono de humildad típico de los buenos profesores, dijo que él no era experto en el sistema de pensiones español. Pero adelantó una solución que era el mismo consejo que le dio a los países de la Europa del Este nada más sacudirse el yugo comunista. Lo primero, dijo, es atender a los más pobres. De modo que lo que deberían hacer es subir las pensiones más bajas y congelar, si el dinero no da para otra cosa, las más altas. El gobierno español, dijo, podría hacer lo mismo en un contexto como el actual. Eso es, precisamente, lo que ha hecho.