Crónica económica
España retrocede en percepción de la corrupción
miércoles 05 de diciembre de 2012, 20:43h
El Índice de Percepción de la Corrupción 2012 (IPC 2012) ha cambiado la metodología. Ha uniformado las encuestas, para hacerlas más comparables año a año, y con una escala que va de cero a 100, y no a 10 como anteriormente. Aún así, sí se puede decir que España ha ido hacia atrás, como ha comentado en la presentación de los datos el patrono de la Fundación Ortega-Marañón, Antonio Garrigues Walker. En el año 2004 ocupó el puesto 21 del mundo con 7,1 puntos, y ahora está en el 30 con 65 puntos (que se corresponderían con los 6,5 de anteriores adiciones).
Según ha comentado Manuel Villoria, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, “en España hay un problema cultural. Falta una cultura de la transparencia. Cuando hablan en público, todos los políticos están a favor de la transparencia. Pero cuando nos reunimos con ellos, cuando les hacemos preguntas, entonces la cosa cambia”. Comienzan a decir que a lo mejor no todo el mundo tiene porqué saberlo todo. También los funcionarios, con los que han hablado, tienden a creerse dueños de la información que poseen, según Villoria. Y la reacción cuando se les explica por dónde tendría que ir una Ley de Transparencia es “Uf, eso va a ser un lío, va a dar mucho trabajo”.
Sobre el mismo asunto, pero en un sentido distinto, Antonio Garrigues Walker ha enfatizado el papel que juega la sociedad civil: “Es fundamental el papel de la sociedad civil. Cuando, como es el caso de España, hay una sociedad civil débil, condicionada, dependiente, todo ello es mucho más complicado”. Pero su intervención fue optimista, porque reconoció que hay situaciones en las que un clamor por parte de la opinión pública fuerza un cambio también por parte de la opinión pública.
Hay modelos en los que podemos mirarnos. Jesús Sánchez Lambás, director general de la Fundación Ortega-Marañón, señala que “en nuestra cultura, en español, Chile es el número uno”. Tiene una ley de transparencia muy importante, con una institución independiente que la regula. Garrigues Walker apunta que “hay modelos que funcionan. Es el caso de los países nórdicos. También el de Nueva Zelanda. Singapur, aunque yo tengo mis reservas sobre sus instituciones democráticas, ha luchado eficazmente contra la corrupción”. El caso de Singapur (que ocupa el quinto puesto en el IPC 2012), también se ha destacado por parte de Manuel Villoria, quien señaló al principio de la presentación del informe que aquél país había realizado un gran esfuerzo “para aumentar las inversiones”. Como dice Garrigues Walker, “fijémonos en los países que han sabido domeñar la corrupción”.
De hecho, hay una relación entre corrupción y pobreza, y entre pobreza y corrupción. Antonio Garrigues Walker, al menos, usó los dos parámetros en uno y en otro sentido, y señaló al mapa de la corrupción para corroborarlo. En un apunte muy interesante, Sánchez Lambás ha dicho en la presentación que “si uno coge el mapa de la corrupción y lo compara con el mapa de las religiones en los últimos quinientos años, la correspondencia es clara”. Quizás el peso de la cultura, de la religión, explique algunas decepciones, puestas en claro por el propio Lambás: “Lamentablemente, se ha producido un fracaso de la primavera árabe en la erradicación de la corrupción”.
Si la cultura deja un poso profundo que condiciona la actitud de la ciudadanía y de los políticos hacia la corrupción, entonces las mejoras, como sugiere el caso de la primavera árabe (así llamada), serán necesariamente lentas. Garrigues Walker hizo suya esa idea. Pero no como una llamada al conformismo o al abandono, sino como la constatación de una realidad que se puede cambiar. Y se puede hacer mejorando el andamiaje institucional: “Cuanto mayor es la calidad democrática, cuanto mayor es la calidad de las instituciones, menor es la corrupción”. Para lograr ese objetivo, un país tiene que destinar recursos, también, pero la moralidad tiene un reflejo en la eficacia económica. La moralidad, al menos bajo el capitalismo, tiene recompensa, aunque sea a largo plazo. Pero hay países que no tienen recursos suficientes para zafarse de la corrupción, y necesitan la ayuda de otros. En este sentido, “sólo se puede luchar contra la corrupción internacionalmente”, a decir de Sánchez Lambás.
De modo que, a pesar de la falta de cultura de la transparencia, a pesar de la debilidad de nuestra sociedad civil, a pesar de que la crisis exacerba el problema de la corrupción, a pesar de que los cambios son necesariamente lentos, España tiene que poner los medios para aminorar la incidencia de la corrupción. Lo necesita para mejorar su desempeño económico. Y para ello, un paso importante es la aprobación de la futura Ley de Transparencia. “Tenemos que adoptar sistemas para combatir la corrupción. Necesitamos una ley de transparencia. Una ley de transparencia que funcione”, ha señalado Garrigues Walker.