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No está conjurado el fantasma del rescate

viernes 14 de diciembre de 2012, 23:59h
Habituados a las malas noticias, este viernes hemos recibido una positiva: la deuda de las Comunidades Autónomas ha bajado por vez primera en cuatro años. Ha ocurrido en los tres meses entre julio y septiembre. Bien es cierto que este resultado está más que compensado por el crecimiento del endeudamiento del Estado, pero esta evolución muestra que se le ha puesto coto al despilfarro autonómico.

La evolución de nuestra deuda tiene mucha relación con las discusiones que han mantenido los principales líderes europeos en el Consejo con el que se cierra la presidencia chipriota de la Unión. Por un lado porque se ha acordado la estrategia de crecimiento para 2013, que incluye la racionalización de las Administraciones públicas y un ajuste fiscal que no entorpezca la recuperación. Y por otro, porque se consolida tanto la ayuda a los bancos en problemas como el instrumento de control europeo de las entidades financieras. Y, hasta que no se asuma como plenamente europeo el fondo de capitalización bancario, los 40.000 millones de euros destinados a nuestra banca pesarán sobre nuestra deuda pública.

Y aún tiene que ver por un tercer motivo. España tiene que financiar su deuda el año que viene, y debe hacerlo a un coste asumible. Si no lo logra, tendrá que recurrir al rescate, con la consiguiente intervención. Mariano Rajoy ha ofrecido una falsa declaración de tranquilidad, al decir que ahora España no necesita un rescate. No es más que una obviedad con las patas muy cortas, porque la cuestión es otra; a saber: si España necesitará un rescate, no ahora sino a lo largo de 2013.

Rajoy, entonces, ha ofrecido una respuesta más adecuada, aunque de nuevo insuficiente. Dice que las medidas, pocas, parciales, que ha adoptado su gobierno, están dando sus frutos. Y es cierto. Pero la cuestión es si tendrá que acelerar el paso de los recortes y las reformas para que esos efectos aparezcan antes, y se conjure definitivamente el riesgo de la intervención. Y Rajoy no puede pretender que sea ese el caso. No, además, cuando tanto Italia como Francia están demostrando sus fragilidades. Es decir, que hemos escapado de la intervención, pero no de forma definitiva.
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