La matanza de Connecticut
domingo 16 de diciembre de 2012, 09:28h
La consternación que ha producido la última matanza en un colegio de Estados Unidos deja paso a la imposibilidad de buscar una explicación racional ante semejante barbarie. Que alguien sea capaz de asesinar sin motivo alguno a 26 personas, 20 de ellas niños menores de 10 años -e incluso miembros de su propia familia-, es sobrecogedor. Se da la circunstancia, además, de que la localidad de Newtown -Connecticut- había sido distinguida recientemente como una de las diez ciudades más seguras del país, tomando en cuenta sus cifras de criminalidad en el año 2011.
Desde la óptica europea, una visión simplista lo circunscribiría todo a la facilidad que tiene cualquier norteamericano a la hora de conseguir un arma de fuego. Siendo esto verdad, no puede cargarse toda la responsabilidad -aunque sí una parte importante- en la Segunda Enmienda de la Constitución de estadounidense, que habla del “derecho de cualquier individuo a la tenencia, uso y transporte de armas”. Un legado de nuestra cultura greco-latina, la idea que el derecho a portar armas es una característica de la ciudadanía está todavía presente en alguna de nuestras sociedades. Pero en Suiza, donde la milicia ciudadana conserva sus armas a domicilio, no ocurren horrores semejantes.
Tiene que haber algo más. Quizá un desmesurado culto a la violencia o una excesiva presencia de armas en la sociedad permitan explorar alguna vía para indagar porqué suceden este tipo de barbaridades en un país civilizado. Y, además, porqué suceden en colegios con reiterada frecuencia. Pero hipótesis no son explicaciones. Resulta obvio que la prevención ante este tipo de hechos no funciona. Hechos así deberían mover a la reflexión sobre la posibilidad de que cualquier ciudadano pueda hacerse con un arma de fuego. Desgraciadamente, las consecuencias a la vista están.