Que Duran purgue su pecado o se largue
José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 11 de enero de 2013, 20:38h
La redención de Duran i Lleida pasa porque haga honor a su inmerecida fama, aún por demostrar, de mediador sensato y cuerdo, y si es preciso se inmole en sacrificio en un acto altruista de generosidad por su país (España), a modo de declaración de últimas voluntades, dejando de lado de una puñetera vez su lenguaje equívoco, sus ambigüedades calculadas y su papel de funámbulo enamorado de sí mismo, siempre al servicio de sus personalísimos intereses promocionales como estadista.
Vaya por delante la duda escéptica de este cronista, que Descartes copió de Platón, pues aviados vamos si confiamos el futuro del cortijo ibérico a la supuesta gallardía de un señor que ha dicho de España que es una “cloaca” y que para mayor descogorcio ostenta la presidencia de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso mientras su partido se dedica a pedir la independencia de España, Gandía Shore.
Con un buen picapleitos, Jean Valjean (que purgó en el presidio diecinueve años de su vida por robar unas hogazas de pan para aliviar la hambruna de sus criaturas), hubiera dejado a Víctor Hugo sin trama para Los miserables. Y Emilia Pardo Bazán hubiese tenido que reescribir El indulto para convertir en héroe al muy cabrón marido de la pobre Antonia.
La España de hoy no es la Francia de 1800, ni Cataluña es la Galicia de Baltar, pero bien me la ha recordado el episodio del enjuague al que hemos asistido a cuenta del choriceo perpetrado en su día por Unió Democràtica (dinero del paro para financiar el partido), que se ha zanjado con el reconocimiento de los hechos, el pago de la multa preceptiva y pelillos a la mar.
A las huestes de José Antonio, antiguos altos cargos de la Generalitat presidida por el Molt Honorable Jordi Pujol, les ha bastado apoquinar 388.000 euros para dar carpetazo al escándalo, eludir la cárcel y evitar que el acicalado jefe de la tropa tenga que soportar la afrenta pública que supone sentarse en un banquillo para darle explicaciones al juez.
Por la misma regla de tres, la policía sorprende in fraganti a un atracador con el botín en la mano a las puertas mismas de la sucursal del Banco Hispanoamericano que Sabina apedreó cantando, y el menda evita la chirona allí mismo, devolviendo lo robado a la guardia civil y celebrando el arrepentimiento con unos vinos de confraternización escanciados en el tricornio.
Catorce años de instrucción infame a cuenta del mal llamado caso Pallerols, para acabar llegando, acusaciones y defensas, a un pacto-mamoneo con el ministerio “púbico”.
Sí, ya sé que como asegura el súper fiscal cinéfilo Torres-Dulce, no se trata de un trato de favor, sino de aplicación escrupulosa de una legalidad que contempla la figura de las sentencias de conformidad. Pero que sea legal, atendiendo al principio de oportunidad, no obsta para que sea una indecencia, se mire de planta, alzado o perfil. Al lado de este infecto episodio, el tasazo judicial de Gallardón es mucho menos lacerante, y los cinco trajes horteras de Camps –amiguito del alma, te quiero un huevo-, una broma de mal gusto.
La “Justicia” de las élites, como tal justicia ad hoc, no es justicia sino sectarismo judicial. Hoy como ayer, unos (la casta) son más iguales ante la ley que otros (los pringaos). Hoy como ayer, la “justicia de conveniencia” es patrimonio de los poderosos, que son los únicos que se pueden permitir los indultos a la carta.
La Historia de la Humanidad bien pudiera resumirse en la frase Rich Man, Poor Man, como la novela de Irwin Shaw. Lo peor no es que en el abismo que separa a ricos y pobres sólo quede hueco para el calamar gigante, sino que a los unos casi todo les esté permitido con la cobertura de la impunidad y las componendas, y a los otros les aguarde el jergón de la celda.
No se trata de reclamar sentencias ejemplarizantes, sino de condenar los apaños. Siendo contrario como soy a la institución del jurado popular, si del abajo firmante dependiera, de acuerdo con los gustos atenienses a todos los mendas de cuello blanco que hacen de la corrupción su modus vivendi los tendría que enjuiciar un jurado integrado por ciudadanos de a pie, carne mortal, para evitar los episodios de connivencia de la justicia con los ricos, que sin duda también lloran, pero menos.
Ni los Albertos tuvieron necesidad de practicar el vis a vis en la trena a cuenta del caso Urbanor; ni don Emilio Botín ver las carreras de Fórmula 1 en la tele de ningún penal, por culpa de las cesiones de crédito; ni el ex secretario de Trabajo de la Generalitat, Josep Maria Servitje, hubiera salido de rositas como ha salido después de ser indultado por el muy piadoso y misericordioso Gobierno Rajoy.
Si convenimos que cualquier sistema que privilegia a los poderosos es un entramado inmoral, no cabe duda que el modelo judicial vigente tiene mucho de inmoral.
Catalonia, hecho diferencial, no es todavía un paraíso fiscal, refugio de ladrones, pero lleva camino de ser un paraíso judicial. Esta es la hora en la que el señorito de UDC, que ha estrenado unas zapatillas chillonas en su viaje de placer a Chile, no ha cumplido la promesa de dimitir si se demostraba el trinque.
Josep Antoni, el Aragonés renegado, lleva demasiados años viviendo del cuento de su supuesta condición de “hombre puente”, la última esperanza blanca para evitar que los asilvestrados de CiU y de ERC se echen definitivamente al monte, si es que no lo están ya como cabras.
Claro que con puentes así, trae cuenta arrojarse de cabeza al río y cruzarlo a nado aunque sea asumiendo el riesgo de morir ahogados en la misma orilla.
Lo siento mucho. Se me está acabando el espacio y he caído en la cuenta de que no me queda folio para recrearme en el fichaje de Rato o en la intrahistoria del viaje en AVE a Figueras, tal y como era mi intención antes de que me fuera calentando hasta terminar proponiendo liberar a Lleida de la promesa de dimitir si se redime comportándose de verdad como un machote. La ocasión la pintan calva ¡A ver si tiene lo que hay que tener para desmarcarse de la declaración de soberanía!
Emplazados quedamos a hablar otro día de Graham Greene, del ansia de poder, y del deseo incontenible de notoriedad. En tiempos de Franco, el Caudillo y sus secuaces tomaron por costumbre colocar a sus paniaguados en las empresas del INI. Y ahora, como si el fantasma del Generalísimo siguiera merodeando por el Pardo, se les enchufa en Telefónica, Endesa y asimiladas, para que nadie pueda decir con ligereza infundada que “con Franco vivíamos mejor”.
España de las obscenidades. Diecisiete palacios de Oriente. Y nos quejábamos de Felipe González porque se dio el capricho de salir a dar un paseo a bordo del Azor. ¡Bribones!
España no necesita un rescate; lo que necesita es un electroshock a ver si con suerte consigue salir de la parada cardiaca por culpa de tanto vividor a cuenta del bolsillo del contribuyente lelo que les vota. Eso, o que el asteroide Apophis desvíe su trayectoria apuntando a la Tierra y con un poco de tino nos haga un favor.
Entretanto -¡qué remedio!- tendremos que seguir tragándonos el sapo, como el pobre Mariano, que sigue mordiéndose la lengua aunque el cuerpo le pida, como dice Pepe Oneto, mandar a Arturo a la mismísima mierda o a tomar por el mendrugo.
La secuencia del Telediario en la que TVE ilustra la noticia sobre el premio Nadal con una imagen de fondo de Rafa Nadal, bien pudiera ser una metáfora analfabestia de esta España nuestra.
Dedicado a la prensa catalana del régimen, que una vez más se ha retratado a sí misma escondiendo las vergüenzas de la mano que le ha de dar de comer.
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Periodista
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
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