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mundo islámico

Argel, Túnez y Trípoli temen la extensión de la guerra a la región

martes 15 de enero de 2013, 18:41h
Los jefes de gobierno y ministros del Interior de Argelia, Túnez y Libia, se han reunido en la localidad de Ghadamés, en el sur sahariano libio, para coordinar sus acciones e impermeabilizar las fronteras. En las tres capitales norteafricanas se teme la llegada de una estampida de los grupos terroristas que están siendo bombardeados por la aviación francesa en Malí.
La iniciativa de hacer frente de manera coordinada a la inestabilidad generada por la acción francesa en Mali, ha sido obra del régimen de Argel, que teme una guerra larga. En el origen de la crisis maliense está el problema tuareg. Tras el golpe militar que derrocó al legítimo gobierno de Bamako en la primavera pasada, la rebelión tuareg en el norte de Mali nucleada en el MNLA (Movimiento Nacional de Liberación del Azawad) proclamó “la independencia de la región del Azawad”, lo que conllevó una situación de caos político que permitió a los grupos yihadistas armados hasta los dientes procedentes del conflicto libio, instalarse cómodamente en la región saheliana.

Justo antes de la intervención militar francesa, la mayoría de militantes del MNLA entraron en Mauritania para entregar sus armas. Argel se ha quedado sin interlocutor para su “solución política negociada” del conflicto maliense. En el terreno solo quedan los temibles grupos armados: Ansar Edin (Los partidarios dela religión), una fracción islamista radical tuareg; el MUYAO (Movimiento por la Unidad del Yihad en África Occidental), un grupo terrorista que se proclama islamista y que se dedica al narcotráfico; y el AQMI (Al Qaeda del Magreb Islámico), protagonista de una guerra sin cuartel “contra los cruzados” occidentales, y que practica los secuestros y asesinatos. Al haber abandonado la escena el movimiento tuareg, el único escenario posible es a corto y medio plazo, el de la guerra.

La incógnita que supone los objetivos del grupo Ansar Edin, sigue siendo objeto de análisis y polémica. Hasta su “ofensiva” sobre las ciudades de Konna y Mopti situadas en el sur del país bajo control del Gobierno interino de Bamako y vía obligada de entrada hacia la capital, Ansar Edin participaba en todos los intentos de negociación para encontrar una solución política a la crisis, sea en Uagadugu, en Argel, en Adrar o en Nuackchott. Sin embargo, de un día para otro, el grupo armado dio una espectacular voltereta y atacó sin previo aviso ambas ciudades, lo que permitió la justificación a la Armada francesa para intervenir en el país. Su líder, Iyad Ag Ghali, muy conocido por los servicios secretos argelinos, fue destronado por los radicales de su movimiento obedeciendo a oscuras razones. La “ofensiva sudista” de los grupos armados del norte fue liderada por unidades militarizadas de Ansar Edin ayudadas por el MUYAO y el AQMI.

En la metrópoli francesa comienzan a escucharse voces que rompen la euforia guerrera del gobierno parisino. Dominique de Villepin, que dirigió la diplomacia francesa, considerado “uno de los últimos gaulistas”, afirma que la intervención militar francesa no va a conseguir ninguno de los tres objetivos posibles que persigue: parar a los yihadistas en su progresión hacia el sur, reconquistar el norte de Mali, o aplastar las bases del terrorismo qaidista. Lo que plantea la cuestión de fondo del por qué de la intervención francesa en Malí. “El problema tuareg, que es el origen del conflicto, no puede arreglarse a bombazos y con aviones espía”, afirma Argel. “Es un problema político, y la solución tiene que ser política”.

Tampoco se entiende bien cómo va a gestionar Francia la amenaza que pesa sobre su vida para los 8 rehenes franceses retenidos por los aliados de Al Qaeda del Magreb islámico en la banda sahariana, así como la in seguridad que pesa sobre los más de 30 mil franceses que viven en las naciones vecinas a Mali, particularmente Senegal, Níger, Burkina Faso y Mauritania. Ello sin contar los posibles atentados terroristas que puedan ser cometidos en suelo galo por los seguidores del yihadismo. Hay que recordar que en Francia viven unos 5 millones de musulmanes, y que existen numerosas “células durmientes yihadistas” según temen los Servicios de seguridad galos.

De cualquier manera las sorprendentes declaraciones del Presidente François Hollande a su llegada al Eliseo tras ganar las Elecciones frente a un Nicolas Sarkozy en retirada, de que tenia sus días contados la llamada “Françaafrique”, el conglomerado de intereses que ha persistido durante decenios y que permitía a Paris apoyar a líderes africanos en su mayoría corruptos y dictadores alineados con los intereses galos, deja perplejo a la vista de la intervención militar en Mali, a petición de un presidente interino surgido de un golpe de estado condenado unánimemente por la comunidad internacional, incluida Francia.

François Hollande ha recibido una primera advertencia procedente del mundo arabo-musulmán. El Secretario general de la Organización de la Conferencia Islámica, que reagrupa 54 países musulmanes de cuatro continentes, ha hecho un llamamiento hoy mismo para “un alto el fuego inmediato” en Mali y la vuelta a las negociaciones entre el régimen interino de Bamako y los islamistas, tal como se estaban llevando a cabo bajo la supervisión del presidente burkibanabé Blaise Compaore.

Paris parece haber entendido el mensaje y se ha apresurado a declarar que su objetivo es limitado en el tiempo y que lo que ahora pretende es que entren en batalla “las fuerzas africanas” de la CEDEAO: Nigeria con 600 soldados, Níger, Burkina Faso, Togo y Senegal con 500 cada uno, Benín con 300, y Guinea y Ghana con unos 120 militares cada país. En total un ejército que, aunque en el papel sumaría algo más de tres mil efectivos, parece incapaz de hacer frente a las tropas rebeldes y a los comandos terroristas que abundan en el país, y se limitaría como mucho a ejercer de fuerza de interposición entre beligerantes.
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