Frente a la corrupción
martes 22 de enero de 2013, 19:54h
Tenemos en España un problema muy serio con la corrupción, que está poniendo en jaque al propio sistema democrático. Esta realidad precisa de un análisis frío y objetivo, si queremos avanzar en su solución, si no total, cuestión complicada, al menos rebajar de manera considerable el grado inaceptable de corrupción que hemos alcanzado. Se dice, y no sin parte de razón, que la corrupción forma parte de la realidad del ser humano. Existe el bien y el mal, y es verdad que siempre han existido y existirán personas que quieran vivir a costa de los demás, robándoles su dinero. Nada nuevo bajo el sol. La clave, en mi opinión, se encuentra en la eficacia del funcionamiento del sistema político que tiene que impedir, y castigar la corrupción, tanto desde una manera preventiva o a priori, como de una forma punitiva o a posteriori.
En este sentido debieran ser los propios partidos políticos los que de manera radical pusieran orden y ética en sus filas. La selección de las personas es clave, y en este punto las cúpulas directivas de nuestros partidos políticos tradicionales están haciendo aguas. Es imposible negar esta realidad. Por tanto, sólo tenemos en este punto tres opciones: 1. Exigir a los partidos políticos tradicionales un cambio radical en su manera de afrontar la corrupción que se produce y consiente en sus filas; 2. Aceptar la situación como una realidad inalterable de la condición humana o intrínseca del pueblo español; 3. Abrir nuevos caminos con partidos políticos diferentes en su base y estructura frente a los partidos tradicionales. Conozco personas que postulan alguna de estas posturas, yo en particular he optado por la tercera, me parece la más humanamente asumible.
Desde la perspectiva punitiva, tenemos que mirar a la calidad e independencia de nuestro Poder Judicial. La misma quedó herida de muerte en 1985 con la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que aprobó la mayoría absoluta del PSOE de Felipe González. En su día el Presidente del órgano de gobierno de los jueces o Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Carlos María Sainz del Robles, dimitió, pues el PSOE pasaba a politizar la justicia con esa inaceptable reforma. El tiempo le ha dado la razón. Y PSOE y PP han mantenido esa reforma sin cambiarla, en un acto terrible de irresponsabilidad democrática que hoy seguimos pagando.
Nuestra democracia peligra en convertirse, si no lo es ya, en una partitocracia. La corrupción que se vive en los partidos políticos tradicionales es un claro síntoma de la misma. Al pueblo español ante esta realidad partitocrática le quedan tres alternativas: 1. Resignarse a ser un ciudadano esclavo de esa partitocracia y permitir que le roben su dinero; 2. Protestar e indignarse, pero sin hacer nada eficaz e inteligente frente al problema; y 3. Asumir la dura realidad que tenemos y tratar de modificarla abriendo, como siempre ha hecho el ser humano en la historia, nuevos caminos. La cuestión para el lector es saber dónde se debe posicionar. Yo en particular llevo más de 5 años dando lo mejor que tengo por la tercera opción, creo que es la más coherente, practica y ética.
Creo que el pueblo español ha tocado fondo en esta cuestión de la corrupción. No se puede ni se debe permitir ni tolerar más. Hay que modificar la situación por respeto a nosotros mismos, a nuestro trabajo y esfuerzo. Para ello hay que actuar con inteligencia y decisión, hay que evitar que surja algún peligroso líder populista y autoritario que quiera pescar en río revuelto, este peligro existe, al igual que dejar que la situación se pudra y se perpetúe como si fuera inevitable. Ninguna de las dos alternativas me seduce, ni aportan nada a nuestra maltrecha democracia. Por tanto sólo queda, como casi siempre en la vida, plantarle cara a la situación, no resignarse frente a los sinvergüenzas activos y pasivos, y empezar a trabajar para que a nuestra vida pública y política lleguen personas formadas profesional y éticamente. Como diría hace más de un siglo Melquiades Álvarez, España necesita básicamente cultura y ética, no le faltaba razón.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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