www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Crónica económica

El euro no entra en la guerra de divisas

lunes 11 de febrero de 2013, 21:17h
La Reserva Federal anunció en septiembre del año pasado que destinaría 40.000 millones de dólares a comprar activos tóxicos: títulos basura del mercado inmobiliario, en un intento, entre otras cosas, de devaluar la moneda. A mediados de enero el nuevo primer ministro japonés, Shinzo Abe, ha lanzado un asalto a la independencia del Banco de Japón, para llevarlo por el camino de la inflación, y con ello lograr una devaluación del yen. China está en este camino desde antiguo.

Claro está que la posición del dólar, e incluso la del yen, no es la misma que la que ocupan otras monedas. Algunos países de estas monedas, países que parece que nunca saldrán del subdesarrollo, también han apostado por la devaluación. Colombia baja los tipos de interés cada cierto tiempo, y ahora los ha colocado, con el 4 por ciento, en los más bajos de toda Iberoamérica. Venezuela ha devaluado el Bolívar un 46,5 por ciento. Es la sexta devaluación en 14 años.

¿Por qué se toma esta decisión? Porque una moneda nacional más barata, en los precios actuales, hace que los bienes nacionales y los servicios prestados por los nacionales sean más baratos. Esto hace que las exportaciones sean mucho más baratas para los compradores extranjeros, de modo que favorece la venta al exterior. Por otro lado, como los bienes extranjeros se adquieren con una moneda que vale menos, son más caros y las importaciones caen. De este modo se produce un ajuste automático en la balanza comercial. Se dice que esas mayores exportaciones fomentan la actividad y, por tanto, el empleo. Pero, ¿qué es lo que ocurre?

Exportamos para importar. O, dicho de otro modo: vendemos para comprar. Vender más barato nos facilita la venta… pero podemos comprar menos. Es decir, la decisión de devaluar la moneda es la de empobrecer al país. Pero esa ganancia competitiva no es permanente. Tras una devaluación le sigue la inflación, y la subida generalizada de los precios, que va devorando esa ganancia competitiva hasta acabar con ella por completo. Es decir, los países que devalúan son más pobres y acaban por perder la ventaja competitiva que ganaron en un principio.

Hay otro efecto característico de las devaluaciones, que es la disolución de la deuda. La deuda externa de los Estados Unidos roza los 15 billones (millones de millones) de dólares. Si esos dólares valen menos, EEUU pagará la misma cantidad pero un menor valor. Es una forma de faltar al pago de la deuda. Este camino, a largo plazo, hace que los inversores desconfíen de la moneda. Se deshacen de ella, lo cual produce una inflación que puede llegar a ser brutal. Ahorrar, por otro lado, se convierte en algo absurdo porque la inflación también devora los ahorros. La devaluación y su hermana, la inflación, arruinan la acumulación de capital.

¿Qué pasa con el euro? Por el momento nada. Es decir, por el momento, el euro no ha entrado en la guerra de divisas. Y eso quiere decir que el euro se está apreciando en comparación con otras monedas que sí se están devaluando. Es decir, otros países están en una carrera por entregarnos sus bienes más baratos. O, dicho de otro modo, tenemos que entregar menos bienes a cambio de lo que adquirimos, con ellos, del exterior. El riesgo es que esa situación nos deje en el paro. ¿Podemos vivir con un euro que gana valor en comparación con otras monedas? Podemos, pero ello nos obligará a profundizar en las reformas, para hacernos más competitivos. Esa ganancia en la competitividad, a diferencia de la devaluación, se mantiene en el tiempo y sí nos haría más ricos.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios