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LOS SUBTERRÁNEOS

Italia: ¿Bersani presidente del Gobierno?

martes 26 de marzo de 2013, 11:06h
El Presidente de la República, Giorgio Napolitano, ha encargado a Pierluigi Bersani que forme Gobierno. Se ha tratado de una decisión motivada principalmente por dos razones: Bersani es el líder del partido más votado —por muchos que los parlamentarios del Movimento 5 Stelle (M5S) mientan repitiendo lo contrario, adoptando el principio de orquestación de Goebbels - y el único que ha mostrado disponibilidad para formar un Gobierno de cambio. No será una misión fácil. Sin la mayoría en el Senado, Bersani necesita contar con el apoyo de otras fuerzas políticas, encontrando en este camino dos “limitaciones”: una de carácter interno, la imposibilidad de pactar con Berlusconi tras haberlo demonizado durante la campaña electoral. Una decisión de este tipo sería “suicida” desde el punto de vista electoral y respondería perfectamente al deseo de Grillo de demostrar que en el fondo PD y PdL son lo mismo. Y la otra limitación, externa, es la reiterada negativa de Grillo a formar una alianza con el PD. La situación puede resumirse de la siguiente manera: Berlusconi quiere gobernar con Bersani, que no quiere gobernar con el cavaliere sino con Grillo, y este a su vez no quiere gobernar con ninguno de los dos. En este contexto, el PdL de Berlusconi busca protagonismo, se promete a todos y parece dispuesto a cualquier acuerdo a cambio de la inmunidad de su líder máximo. Por otro lado, el PD busca frenéticamente la manera de convencer a los senadores de Grillo para que le apoyen, advirtiéndoles de que su firme decisión de no alcanzar un pacto, pondría en riesgo la gobernabilidad del país. No obstante, Grillo confirma su vocación “totalitaria” y augura nuevas elecciones, al considerar que las expectativas electorales de su movimiento han crecido.

En este punto, una reflexión y un interrogativo sobre Grillo: el cómico genovés se está mostrando no sólo como un hábil comunicador (esto ya se sabía), sino como un sabio manipulador de los medios de comunicación. Ha comprendido que cuanto menos aparece, más se le busca; cuanto menos habla, más eco tienen las declaraciones hechas en su blog. Lo que está logrando también es que cada vez sea más evidente el parecido con Berlusconi: son hábiles vendedores y conocedores de marketing político; no acceden a un debate contradictorio público (como subrayaba un excelente periodista italiano, Beppe Severgnini, “entre un blog sin contradictorio y un video-mensaje no hay mucha diferencia”); ambos son ricos, cuentan chistes (Grillo mejor que Berlusconi…) y desprecian a los periodistas. Además, los “ciudadanos” del M5S ya han insultado repetidamente a los medios de comunicación nacionales, inaugurando el pésimo habito de las ruedas de prensa sin preguntas. Han aprendido pronto la lección berlusconiana de “mentir e insultar y declarar que han sido malinterpretados”. El juego de decir y desmentir afirmaciones pertenece a la vieja política: cabía esperar más madurez y responsabilidad. Y ahora el interrogativo: ¿qué estrategia quiere adoptar? ¿Qué línea política? La tendencia a la intransigencia no es una respuesta política, quita fuerza al movimiento, mientras hacen faltan pasos y decisiones para modificar el sistema. Hace falta finezza y concreción; cerrarse en su propia coraza puede resultar perjudicial, mostrando las contradicciones y las dificultades de un movimiento que ha creado tanta expectativa. La impresión que da el M5S es que siempre “pide más 1”: si se le ofrece un encargo político, quieren más; si los presidentes de las Cámaras se recortan los sueldos, piden que lo recorten más; si se anuncian reformas, quieren más…

La decisión de Napolitano, muy puntilloso al delimitar el mandato de Bersani, no supone que haya Gobierno, sino más bien subraya la necesidad de formar uno tras 100 días sin Gobierno. A Bersani, que ha parecido muy seguro y motivado, le espera un camino muy accidentado y estrecho y, en caso de éxito, se perfila la formación de un Gobierno “anómalo”, frágil y posiblemente con un espacio de actuación muy limitado, rodeado por dos “grandes minorías” que bloquearán sistemáticamente su acción política. No obstante, Italia necesita un Gobierno que se ocupe de la emergencia social y económica que aflige el país y que, al mismo tiempo, pueda realizar las reformas de las instituciones improrrogables. En consecuencia, el fantasma de unas nuevas elecciones —con Renzi “calentando” en la banda del PD, un candidato atractivo, incluso para muchos electores de M5S- se agranda cada vez más, mostrando a un país incapaz de salir de su laberinto y confirmando, quizás, la célebre frase de Massimo D’Azzeglio, “los más peligrosos enemigos de Italia son los mismos italianos”.